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1 2 09 HORIZONTES Viajar con padres Aventura en Jordania POR MARÍA EUGENIA RUÍZ DE AZCÁRATE n los grandes cubos de caucho del complejo hotelero Kempinsky, en el Mar Muerto, brilla un fango viscoso y un tanto repelente. Hay que untarse bien el cuerpo les han dicho. Adultos y niños proceden obedientes. Y esperan; rígidos y recocidos como figuritas de barro bajo el sol. Al rato apenas pueden moverse. El rito del lodo se ha cumplido. Ahora, les indican, hay que meterse en el agua de espaldas, como si fuerámos barcas señala Alejandro, de catorce años. Mientras, Andrés, de trece, se sacude las grandes manchas de barro que aún le cubren: Parecemos dálmatas concluye. Alrededor, el mar se ofrece opaco y terso; casi se puede andar. Alejandro no llega a tanto, pero descubre encantado: Estoy de pie y floto como un corcho Luego se aleja remando con los brazos. A su lado, otras tantas barcas humanas hacen lo propio. Incluso hay quien lee el periódico. Sin miedo a hundirse, porque la elevada salinidad del agua se lo impide. Agua y barro son hoy los principales recursos del Mar Muerto. En sus complejos hoteleros se pasa del baño de lodo al baño bíblico, y vice- Un viaje familiar a Jordania es posible. E incluso recomendable: conjuga la emoción de la aventura con un impresionante recorrido cultural. Desde la insólita experiencia de los fangos del hotel Kempinsky en el Mar Muerto, a la noche con Amjad el beduino en Wadi Rum, en el desierto... E versa, con pasmosa facilidad. Quién se lo iba a decir a Moisés, que desde el vecino monte Nebo lloró desolado- y con razón asegura Andrés- -al ver que la Tierra Prometida era aquel trozo de desierto que se extendía a sus pies en torno a un lago que para, colmo de desdichas, es de sal. Y se murió del disgusto aventura Alejandro. De los diversos complejos, el Kempinsky es sin duda uno de los mejor adaptados al turismo familiar. Con su laberinto de piscinas, sus villas y el largo bordillo que, a modo de húmeda tumbona, se eleva sobre el mar, Aún a riesgo de arrugarse señala Alejandro, hay mucho que explorar Toca ahora adentrarse en un mundo inusual. Con vendedores vestidos de película... y en chanclas apostilla Andrés con cierta envidia. Atienden sus tenderetes de hortalizas junto a la carretera que lleva al valle del Jordán. A cada paso surgen nuevos personajes; camiones con soldados, cabras, beduinos. La familia no da abasto. Alejandro descubre una señora con monedas de oro cosidas al pañuelo: Debe de ser rica, pero ¡que incómodo! La excursión culmina en Betamara, el lugar del Bautismo de Cristo, con la obligada inmersión en el Jordán. Con los pies metidos en el agua, que está calentita Andrés contempla el cebollón dorado que sirve de tejado a la cercana capilla ortodoxa. En el interior brilla un mundo antiguo de incienso y mosaicos. Precisamente la visita a la fábrica de mosaicos de Madava es uno de los hitos inesperados del viaje. Los chicos están encantados: No todos los días se aprende a tatuar un huevo de avestruz. Ni a componer una mesa con teselas de colores. Una insólita lección de artesanía tradicional. A juzgar por las piezas del museo o por el mapa de Palestina de mosaicos que desde el siglo VI alfombra la iglesia parroquial. ¡C amellos. Una pequeña caravana ha surgido sobre el paisaje ondulado que lleva hacia la fortaleza cruzada del Kerak. Un castillo, en opinión de Andrés, más impo- Tatuaje en un huevo de avestruz En el Mar Muerto casi se puede andar. Alejandro no llega a tanto, pero descubre encantado: Estoy de pie y floto como un corcho Hay quien lee el diario sobre el agua A veces, Jordania parece un maravilloso espejismo. A la izquierda, la histórica ciudad de Petra. Sobre estas líneas, el desierto de Wadi Rum AP M. AYESTARÁN