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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE sos mullahs fueron encarcelados. Entre ellos, el padre de Jomeini, que murió en prisión. Reza Pahlevi heredó de su padre un duelo a muerte con el ayatollah El flamante Sha visitó Qom. En la mezquita, los mullahs se ponen en pie para recibirle. Sólo uno, Jomeini, permanece sentado, la mirada oblicua, fija sobre la estera, musitando plegarias. El Sha regresa indignado a Teherán y promete calzar las botas de su padre para hacer entrar en vereda a ese piojoso chiíta Las carcajadas resuenan en las callejuelas del Bazar cuando Jomeini responde: Le quedan muy grandes al hijo las botas de Reza Khan. Comienza la guerra abierta. En 1953 el Gobierno liberal de Mossadek provoca la primera marcha del Sha. Mossadek contó en un principio con el apoyo de los ayatollahs que acabaron traicionándole a causa de sus medidas laicas y de su alianza con la izquierda. No circularon consignas ni se organizaron manifestaciones para protestar por el regreso triunfal de Reza Pahlevi tras un golpe militar auspiciado por la CIA. Aunque lo niegue ahora- -señalaba el enviado especial de Le Figaro Jomeini facilitó la vuelta del Sha por miedo a los comunistas. El 26 de enero de 1963 los diez grandes ayatollahs eligen en Qom a Jomeini jefe espiritual del chiísmo. Era la época en que el Sha iniciaba desde el Trono la Revolución Blanca para modernizar el país. La primera medida es una amplia redistribución de la tierra, que priva de ella a numerosas mezquitas. Jomeini organiza desde Qom la resistencia popular. En 1964, dos agentes de la Savak (Policía Secreta) se introducen en su residencia. Se hacen pasar por mullahs y piden audiencia. Drogan al ayatollah le envuelven en una estera y lo introducen en un avión que despega hacia Turquía, donde abandonan el cuerpo inanimado. Jomeini se traslada después a Irak. Allí comienza la leyenda. El ayatollah se instala en Najaf, ciudad santa iraquí y centro de la escolástica chiíta en la que descansan los restos de Alí, sobrino y yerno de Mahoma, víctima, como su hijo Hussein, de persecución por la rama sunnita, mayoritaria en el Islam. El martirio de Hussein (680) a manos de un califa sunnita simboliza la redención e ilumina la lucha contra el Sha. De ahí arranca la predicación de Jomeini. Los chiítas deben exigir que todo poder espiritual y temporal esté en manos de los imanes, descendientes directos del profeta. El duodécimo imán, que se retiró del mundo, debe regresar. La identificación es inmediata: ¿No será Jomeini ese mesías prometido? Mientras tanto, la represión alcanza en Irán extremos esquizofrénicos. El Sha habla de los mullahs como cerdos que se revuelcan en sus propios excrementos En agosto de 1974, el ayatollah Azarchahri es detenido por la Savak. Murió durante la tortura. Le introdujeron, una tras otra, las cuatro extremidades en una caldera de aceite hirviendo. En 1977, un hijo de Jomeini muere en Najaf, según el ayatollah asesinado por agentes del Sha. Este martirologio abona la revolución. Irak empieza a alarmarse y expulsa a Jomeini. Francia le acoge con tolerante hospitalidad que le permite convocar la guerra santa El resto es conocido. Con su regreso se inicia la última fase, quizá la más sangrienta de una revolución que ha hecho temblar a Occidente. JOSÉ LUIS CARRASCOSA Con él llegó la revolución. De izda a dcha, Jomeini dirige la oración antes de salir de París. Seguidores del ayatolá fuertemente armados. Un grupo de iraníes derriba la estatua del padre del Sha. Jomeini saluda desde una terraza en Qom