Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
1 2 09 FIRMAS que piensan que no va a ganarlas nunca. En el Partido Socialista están inquietos por la posibilidad de que las tensiones internas que se viven en el PP puedan obligar a cambiar de caballo antes de las próximas generales, porque están convencidos de que Rajoy nunca ganará a Zapatero y, sin embargo, otro candidato del PP a lo mejor consigue vencer al que sin duda ha sido el peor presidente de la democracia. Pero el problema para Rajoy es que muchos militantes del PP, y gran parte de sus dirigentes, han llegado también a la conclusión de que Rajoy nunca ganará a José Luis Rodríguez Zapatero. Y miran entonces hacia otro lado, hacia otras figuras del partido. Esperanza Aguirre, que es de lo mejor del PP, ha salido mal parada del congreso de Valencia, y ella misma es la primera que lo sabe. Por otra parte, los desgraciados episodios de supuesto espionaje en Madrid le han hecho aún más daño. También Alberto Ruíz Gallardón sale dañado de la pelea por el poder en Madrid y en Cajamadrid, así que los ojos se centran entonces en el ex vicepresidente económico, que a pesar de su decepción y tristeza por no haber sido señalado por la varita mágica de José María Aznar fue colaborador leal de Rajoy para intentar que éste ganara las elecciones del año 2004, y que a su regreso de Estados Unidos se ha dedicado a la empresa privada sin la menor concesión a quienes llevan meses halagándole los oídos para que dé el paso al frente. ¿Lo dará? No ha hecho el menor gesto que indique que pretende hacerse cargo del partido, no ha movido un dedo y hasta ahora ha negado por activa y por pasiva que quiera regresar a la vida política activa. Ahora, si se profundiza la crisis del PP, y si gentes a las que él quiere y respeta le piden que dé el paso, pues a lo mejor lo hace. O no, como diría Rajoy. Pero una cosa es segura: si se dieran todas las circunstancias necesarias para que R. R. fuera candidato del Partido Popular, el escenario cambiaría de forma radical: Zapatero y Blanco se pondrían al borde del ataque de nervios, el PP se sentiría invadido de una ola de entusiasmo ilusionante, las empresas de sondeos dejarían de ofrecer datos preocupantes para los que se sientan en los despachos de la calle Génova y entraríamos en una carrera de apuestas respecto a si Rodrigo Rato lograría o no mayoría absoluta. Política ficción, sí, pero en política todo es posible. Incluso que se pida a una persona del pasado que vuelva al presente, que acepte, y que por unanimidad de los delegados a un congreso extraordinario salga elegido presidente de su partido. Todo lo niega Rodrigo Rato no puede evitar ser visto como la persona más indicada para liderar el PP JAIME GARCIA PUNTO Y SEGUIDO R. R. POR PILAR CERNUDA S u comportamiento ha sido de diez, no ha hecho la menor crítica a la dirección del partido aunque parece evidente que tuvo que dolerle que durante meses el presidente no le hubiera hecho ni una llamada, hasta que finalmente Rajoy descolgó el teléfono hace unas semanas para concertar un encuentro; no ha escuchado los muchos cantos de sirena, se ha limitado a mantener las relaciones con sus amigos, la mayoría de ellos dirigentes o ex dirigentes del Partido Popular, pero sin entrar en disquisiciones sobre el futuro, sobre la política de Mariano Rajoy o sobre el equipo de Rajoy. Afortunadamente tiene una vida personal muy llena y una vida profesional que le deja muy poco tiempo libre para maniobrar o interferir, aparte de que no quiere hacerlo. Rodrigo Rato, sin embargo, no puede evitar que hoy por hoy sea el nombre que más se pronuncie en el Partido Popular y que haya una asombrosa unanimidad en este partido: es la persona más indicada para asumir el liderazgo del partido y ser el candidato a la presidencia de Gobierno en las próximas elecciones. Rajoy es un gran tipo, un político de fiar- -lo que no es demasiado habitual- -y un hombre trabajador aunque le persigue el sambenito de que se deja llevar por la vagancia, lo que es absolutamente falso. Pero tiene dos problemas: uno, que no gana elecciones. Dos, más grave que el primero: son multitud los