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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Jan Kaplicky Un arquitecto travieso y ondeante El creador de unos edificios cuyos muros se agitan como banderas, murió de un infarto de miocardio paseando por las calles de Praga, pocas horas después de ser padre de nuevo POR EDUARDO CHAMORRO urió entre la felicidad y la tristeza. Acababa de nacer su segunda hija, y persistía el rechazo de sus detractores a la obra capital de su vida: la Biblioteca Nacional de Praga, donde nació el 18 de abril de 1937. Tal vez esa tenaza fue demasiado para un corazón habituado, sin embargo, a gestionar y resolver las emociones más fuertes. Nació bajo la ocupación de su país por los nazis, y vivió bajo la dominación soviética hasta que, en 1968, los tanques de Moscú pusieron fin a la primavera de Praga, y él huyó a Londres, donde apareció con cien dólares en un bolsillo y un par de calcetines en el otro. Tenía 31 años y la cabeza llena de formas orgánicas, globulares, agitadas en contoneos y palpitaciones. Hijo de un escultor y de una ilustradora de libros sobre botánica estudió en la Facultad de Artes Aplicadas, Arquitectura y Diseño de Praga. En Londres trabajó en el estudio de Denys Lasdun y Asociados antes de añadirse a Renzo Piano y Richard Rogers, con quienes formó el equipo que ganó la convocatoria para el diseño del Centro Georges Pompidou, levantado entre 1971 y 1977 en París, en donde le fue imposible instalarse por carecer de pasaporte británico. Resolvió el inconveniente trabajando una corta temporada con Spencer y Webster para pasar luego al estudio de Norman Foster. Mientras, invirtió sus ahorros en un garaje que adquirió en el barrio londinense de Paddington para pintarlo de rosa y poner en marcha su propio estudio: Future Systems. Era el espacio más idóneo para el trabajo de quien había huido de Praga con la música de los Beatles en la cabeza, y estaba dispuesto a hacer de la arquitectura unos strawberry fields forever. Se aplicó entonces a su experimento más personal, una maquinación futurista impregnada de estructuras construidas por robot para orbitar sobre la tierra, colonizada por M unos espacios domésticos llevados de un lado a otro mediante helicópteros y depositados en el suelo con todas las facilidades para manipular su adaptación al terreno. Imaginó los coches eléctricos en unas autopistas casi interplanetarias mucho antes de que los sugiriera la necesidad ante la crisis global. Y si las paredes y los muros se podían diseñar y construir como si derivaran de unas membranas interglobulares o de unas sencillas banderas puestas al viento, entonces el mobiliario interior podía acogerse a los formas meteorológicas y los sofás convertirse en nubes con asiento. Sus ideas pudieron pare- Un ojo que mira al mar: la casa biológica del diputado Bob Marshall- Andrews en Gales Un ejemplo de la arquitectura ondeante y globular de Kaplicky. A la izquierda, aspecto exterior de la residencia del diputado Marshall- Andrews, una casa casi invisible que adopta la forma de un transparente montículo con un frente acristalado al mar. A la derecha, imagen del interior, donde los elementos están dispuestos como si la vivienda fuese un inmenso ojo que contempla el mar, como el ojo de un pulpo monstruoso. A algunos las creaciones de Kaplicky les parecían una provocación, pero esta residencia ya forma parte de la historia de la arquitectura. cer extravagantes cuando la editorial Phaidon comenzó a publicar sus diseños, pero dejaron de serlo cuando un miembro del Parlamento británico le encargó la construcción de una vivienda en un promontorio sobre la costa de Gales. La residencia del diputado se convirtió en una excrecencia globular con la superficie exterior tapizada de hierba y la interior hecha un hueco elegantemente curvado según las líneas del promontorio, con un lienzo- ventana que se abría como el ojo de un Polifemo. O como el ojo gigantesco de un pulpo monstruoso, que es la imagen y el aspecto al que se adhirieron las diatribas de sus críticos y adversarios. La casa marcó el comienzo de la gran fama y la influencia de Kaplicky, cuya tribuna de prensa para el Lord s Cricket Ground en Londres consiguió el premio Stirling en 1999. El Real Instituto de los Arquitectos Británicos le concedió su Medalla por los almacenes Selfridges en Birmingham, de fachada sin ventanas y cubierta de planchas de aluminio. Con esos galardones bajo el brazo volvió a Praga para construir la Biblioteca Nacional. Pero en Praga no pudo ser. Sus críticos checoslovacos hicieron saber que si bien admitían que el diseño presentado para tan emblemático edificio evocara los patrones del modista Paco Rabanne, junto a las líneas de las iglesias barrocas y la estructura del ojo de la mosca, lo más cierto y evidente era que se parecía a un pulpo. Murió sin haber superado esa objeción.