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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE Cayetana, en la inauguración de la exposición El mundo de la duquesa de Alba en marzo de 2008 que trabajan en palacio desde hace años, la duquesa habla poco, no sale nada y recibe a sus muy cercanos en el interior de su residencia. Ante el interés mediático que ha despertado siempre- -y más ahora por las últimas novedades relacionadas con su vida, sobre todo por su relación con el funcionario Alfonso Díez- -durante estos días se ha cubierto la verja que hay en la entrada y por la que los sevillanos siempre podrán admirar el jardín de limoneros que ya plasmó Antonio Machado en sus versos Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla, y un huerto claro donde madura el limonero... Por esa puerta durante esta semana han pasado algunos de sus hijos. Primero vinieron los pequeños, Eugenia y Cayetano, que siempre han sido sus ojitos derechos. También estuvo Jacobo con su mujer, Inka Martí, y después el primogénito, el duque de Huéscar, que es quien habla estos días con los periodistas y quien la acompañó el viernes al hospital junto a Carmen Tello. Las idas y venidas de los hijos se han alternado- -que no coincidido- -con las visitas de Alfonso Díez. El funcionario de cincuenta y ocho años estuvo el jueves junto a la que considera su amor secreto de los últimos treinta años y volvió a Madrid en el Ave de las siete. Estos días ha roto su silencio para hablar con algunas personas y comentar entre lamentos lo incomprendido y solo que se siente. Díez se queja que los hijos de Cayetana no se fían de sus auténticas intenciones, mientras asegura que su amor es totalmente desinteresado. Por su parte, la duquesa le defiende y protege. Es más, es ella quien reclama su presencia y quien no se resiste a dejar de verle. Desde luego, en momentos tan delicados y difíciles como los que está atravesando no hay duda de que negarse a sus deseos sería algo que ni los médicos iban a permitir. Para la aristócrata las palabras de amor del que definió como un entrañable amigo y ahora ya más explícitamente como novio han sido recibidas con la mejor de sus sonrisas. A sus ochenta y tres años, y con los problemas físicos que la enfermedad acarrea, recuperar una ilusión que tenía perdida desde que falleció su último marido, Jesús Aguirre, era la sorpresa con la que nadie contaba. Ni siquiera ella. Por eso reconoció que al principio no se creía las confesiones que Díez le hizo cuando coincidieron en Madrid y empezaron a quedar. La duquesa ha hablado públicamente de los planes que tuvo de matrimonio y ha salido siempre en defensa de Díez cada vez que ha sentido esa necesidad. Juntos viajaron a Sicilia hace pocos meses y juntos pretendían viajar a Marrakech a primeros de enero de no haber sido porque el médico de Cayetana le paró esos planes argumentando la RAÚL DÍAZ Palabras de amor Silencio roto Los últimos meses han corrido en su contra. No hacer caso del médico ha tenido consecuencias. Sus desplazamientos son, por fuerza, cada vez más escasos y breves Acompañada por su fiel enfermera y el servicio que trabaja en palacio desde hace años, la duquesa habla poco y sólo recibe a los íntimos en el interior de su residencia gravedad de su dolencia. Mujer acostumbrada a hacer siempre lo que ha creído conveniente, sin duda estos días están siendo los más duros de soportar, en tanto en cuanto la situación es preocupante. Tal vez por esto, hasta no hace mucho se quejaba a sus cercanos de la pena que sentía por no tener veinte años menos para poder vivir su nueva relación con las fuerzas de entonces. Tan ilusionada está con el funcionario que no ha dudado en desprenderse de sus anillos para lucir orgullosa el que le regaló Díez con una mini herradura de brillantitos. Lo que sí es seguro es que a la duquesa ya no hay quien la mueva de Sevilla. La ciudad de sus amores la quiere y protege. El cariño es mutuo. A Cayetana la paran por la calle, la llaman guapa, la animan, la cantan, bailan, le acercan niños, le piden besos, le dan las gracias. Por eso se fue a Sevilla estos últimos años: porque ahí tiene a sus amigas- hermanas del alma y todo con lo que más disfruta: el arte, la simpatía y el cariño de un pueblo que siempre ha contado con su generosidad y colaboración. Y eso es algo que no se olvida.