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1 2 09 EN PORTADA rrasca se profundizara en pocas horas. Decenas de hectopascales en apenas un día recuerda, asombrado, Francisco Valero, profesor de Física de la Atmósfera de la Facultad de Físicas de la Universidad Complutense de Madrid y director de un Máster en Riesgos Climáticos. Los políticos han descargado la responsabilidad en el centro facultativo de forma injusta. La gente demanda saber qué tiempo va a hacer en su calle a las cinco de la tarde, y eso no es posible. Las previsiones han sido correctas, y eso que los modelos matemáticos tienden a suavizar la virulencia de los fenómenos meteorológicos Si damos el paso de la predicción a la prevención nos encontramos enseguida con un dato alarmante: tres de cada cuatro municipios españoles no disponen de mapas de riesgo climático. El Gobierno ha confiado hasta ahora en su capacidad de respuesta, algo que a los expertos se les antoja insuficiente. Sin mapa de riesgos Ángel Rivera, portavoz de la Aemet, defiende el trabajo del equipo de predicción FRANCISCO SECO Meteorólogos En el ojo del huracán Murcia sigue habiendo cámpings en mitad de las ramblas En Mazarrón todo empezó con una calma chicha. Recordar y desconfiar es imprescindible. El artículo 9 de la Ley del Suelo obliga a declarar zona no urbanizable las tierras en las que hay peligro de inundación con riesgo para las personas, pero para llegar a ese extremo hace falta una cartografía que no existe. En España, el agua que mata se concentra en pocas horas, a veces en minutos, y llega furiosa a través de torrentes, arroyos, rieras y cauces secos. Al político no le gusta hablar de estas cosas. Si se descubre que hay construcciones en terrenos peligrosos se ve obligado a canalizar, o a expropiar... Y eso no es popular señala Jorge Olcina, climátologo de la Universidad de Alicante y coordinador, junto a Francisco Javier Ayala- Carcedo, del libro Riesgos Naturales (Ariel Ciencia) un clásico en la materia. En España hay al menos 25.000 edificios- -la mayoría en la costa mediterránea- -expuestos a inundaciones, temporales de viento y movimientos sísmicos. Y entre doce y quince millones de personas pueden verse potencialmente afectadas. La gente no es consciente de ello hasta que la catástrofe se le viene encima se lamenta Francisco Valero. La coordinación entre los servicios de Meteorología y de Protección Civil se antoja clave para luchar contra esa vulnerabilidad a la que se refería Ángel Rivera. La mayor preocupación de la Aemet son los avisos de fenómenos adversos comenta. Siempre lo hemos hecho de acuerdo con Protección Civil, que es quien tiene que dar las normas al público sobre cómo comportarse en determinadas situaciones, porque nosotros no somos expertos en riesgos. Desde ese departamento se nos pide la mayor concreción posible, porque a veces se nos acusaba- -probablemente con razón- -de que éramos algo etéreos... Esa reflexión también se dio en Europa tras las grandes tormentas navideñas de 1999. Se llegó a la conclusión de que la predicción no había sido mala, pero que no había llegado bien al público. De modo que se hizo un esfuerzo para crear un sistema potente de alarmas El Meteoalarm entró en vigor hace dos años. El objetivo, llegar al mayor nivel de resolución espacial posible, asumiendo que en meteorología no se puede trabajar con certezas totales. Un 70 por 100 ya indica una confianza muy grande del predictor de que el fenómeno suceda. A partir de ahí, viene el sistema de colores: verde, amarillo, naranja y rojo, y un delicado juego de matices. Si abusamos del rojo nos cargamos el invento concluye Rivera. Sería como el cuento de Pedro y el lobo, no nos tomarían en serio Lucha contra la vulnerabilidad Roberto Brasero, el hombre del tiempo de Antena 3, en plena acción A 3 Mario Picazo, de Telecinco, reclama más peso para el clima ERNESTO AGUDO La gente demanda saber qué tiempo va a hacer en su calle a las cinco de la tarde, y eso no es posible señala Francisco Valero, profesor de Física de la Atmósfera Poco hemos aprendido de sucesos como el de Biescas, en 1996 (87 muertos) y Badajoz, un año después (25 muertos) que provocaron la consabida rasgadura de vestiduras, y poco más. Precisamente a Francisco Valero le tocó ser testigo directo de una de estas catástrofes. Fue en septiembre de 1989: una riada provocó la muerte de dos turistas en el cámping Bolnuevo, en Mazarrón (Murcia) situado en una rambla. Valero aún recuerda las caravanas flotando mar adentro. Y se lamenta de lo mucho que falta por hacer en este país para enfrentarnos con garantías al látigo del clima. Los observatorios están a mucha distancia unos de otros, y los episodios climáticos se nos escapan como en una malla poco tupida de un colador. De todos modos, de poco sirve dar avisos si no hay sensibilidad por parte de los responsables públicos. En Biescas había informes técnicos que alertaban de lo que podía ocurrir, y no hicieron caso. Y en Almería y