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D 7 25 1 09 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Kirguistán TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ musculoso realismo proletario. Imponentes edificios de cuadriculado estilo soviético, como la Casa Blanca donde se ubica la sede del Gobierno, se mezclan con palacios neoclásicos propios de la Rusia de los zares, como el Teatro de la Opera o la Oficina de Impuestos de la céntrica avenida Chui, donde aún cuelgan la hoz y el martillo. Bajo la mirada indolente del millón de habitantes de Bishkek, las efigies de Lenin, Marx y Engels sobreviven frente a la Universidad Americana. Acompañando al kirguiz, el alfabeto cirílico indica las direcciones en las señales de tráfico. Tocados con sus enormes gorras de plato y envueltos en sus abrigos de piel, los soldados desfi- Las novias de los caídos Como en los tiempos de la extinta URSS, los recién casados de Kirguistán siguen ofreciendo flores a los héroes de la II Guerra Mundial penas se ve un alma por las calles en esta gélida mañana de domingo en Bishkek, la capital de Kirguistán. Junto a los vecinos Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán y Turkmenistán, esta antigua república soviética de Asia Central se independizó a principios de los 90 del siglo pasado tras el desmoronamiento de la URSS, pero la presencia rusa sigue casi tan presente como en los tiempos del Telón de Acero y la Guerra Fría. Amplios bulevares arbolados recorren la ciudad entre monumentales avenidas y desoladas plazas típicamente comunistas donde resisten las clásicas estatuas del A Una pareja de recién casados se retrata junto al Monumento a la Victoria tras realizar una ofrenda a los héroes de guerra lan con la bayoneta calada en el kalashnikov por la plaza de Ala Too para hacer el cambio de la guardia ante el Museo de Historia Nacional. Tras el vaho que empaña las ventanas, un grupo de niñas danza de puntillas en su clase de ballet al son que marca el sonido amortiguado de un piano. Bajo la luz mortecina propia de esta época, los vecinos de la ciudad se resguardan de los rigores del invierno en sus pequeños apartamentos, ubicados en destartaladas colmenas de viviendas, o en las coquetas casas de influencia rusa que pueblan los alrededores, en las faldas de las nevadas montañas de Ala Archa. En los callejones sin asfaltar, tres borrachos dan buena cuenta de una botella de vodka mientras rebuscan en un contenedor de la basura. Y, en medio de este ambiente alienante y un tanto depresivo, una interminable limusina blanca se detiene ante el Monumento a la Victoria, terminado en 1984 para conmemorar el 40 aniversario de la derrota nazi en la Segunda Guerra Mundial. Bajo los tres pilares de granito que se funden en su parte superior formando una yurta, la estatua de una madre que espera a su hijo y una llama recuerdan a los héroes que dieron su vida en aquel conflicto. A todos ellos están dedicados los ramos de flores que, a bordo de lujosas limusinas, cada día traen hasta aquí las parejas de recién casados, que se hacen fotos junto al monumento y celebran parte del convite en el mismo brindando con champán y vodka en vasos de plástico. Es una costumbre heredada de la época soviética que los jóvenes hemos querido mantener como muestra de respeto al sacrificio que hicieron nuestros antepasados explica Ilona, una de esas bellas kirguises que ha sabido mezclar lo mejor de Oriente y Occidente con su exótico rostro asiático de rasgados ojos verdes, su despampanante cuerpo de rusa y sus esculturales e interminables piernas. Al fin y al cabo, no es el único vestigio de la extinta URSS que sigue con vida en Kirguistán. PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7