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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE teatro- museo de Figueras, y que será retransmitido por Televisión Española a las cuatro y media de la tarde, se espera la asistencia de un nutrido grupo de autoridades. El ministro de Cultura, Jorge Semprún, encabezará la representación gubernamental. La ceremonia religiosa consistirá en una lectura de los evangelios, una homilía en catalán y castellano y una oración de fieles con peticiones. Por otra parte, Ana María Dalí, hermana del pintor, anunció que no podría acudir a la ceremonia porque no se encontraba bien de salud, aunque se sabe que la familia Dalí celebrará un funeral privado que se celebrará el lunes en la iglesia parroquial de Cadaqués. Salvador Dalí llevaba muchos años separado totalmente de su familia. RECUERDOS DE PORT- LLIGAT alvador Dalí ya no está en este mundo. Todos sus relojes son ya definitivamente blandos. Saltó la frontera y se colocó al otro lado del espejo. Se ha convertido, tal vez, en personaje de alguno de sus cuadros. Quizá esté ya situado en ese punto mágico donde algún día acabarán convergiendo esas misteriosas paralelas que vemos en muchos de sus dibujos. Hace años, empujado por extraños traumas- -aunque tal vez no haya que exagerar demasiado sobre este punto- Dalí se situó en el centro de todas las excentricidades. Se ubicó en el escándalo. Pensó quizá que, estando allí, estaría también por encima del bien y del mal y de todos sus demonios familiares. Cuando quiso salir de ese mundo, sin embargo, ya no pudo. Se sintió entonces atrapado con sus propias redes, apresado por su propia psicopatía. Había creado un monstruo, y ese monstruo, como un Polifemo al revés, acabó devorándole. Hace algunos años tuve ocasión de visitarlo varias veces en su casa de Port- Lligat. En una de aquellas ocasiones nos recibió- -a mí y al reducido grupo de amigos del que yo formaba parte- -en un extraño jardín, reclinado entre grandes almohadones multicolores. Recuerdo que aquel día estuvimos hablando largamente de los argonautas y de su extraño lenguaje. Yo le pregunté si hablaba ruso. Me dijo que no, pero que el ruso era un idioma que le inspiraba y que de cuando en cuando, mientras pintaba, le pedía a Gala que leyese en voz alta algunos poemas de Pushkin. Puede que aquella fuese otra boutad de las suyas. Puede que no. Cualquiera sabe. Lo cierto es que S ADELA FARRÉ recuerdo también a Gala. Era una mujer menuda y nerviosa, de artificioso tocado y ojos pequeños y negros como dos cabezas de alfiler y posiblemente tan punzantes como esos mismos alfileres. No era, ciertamente, una mujer agradable. Ocurría con ella, en cierto modo, lo que sucede algunas veces con ciertas secretarias de los grandes e inaccesibles directores generales: que a fuerza de trabajar durante muchos años a la sombra del jefe, acaban pensando que todo el mundo le debe obediencia también a ellas. Gala, y que Dios me perdone por lo que pienso, tenía algo de bruja urbana y consumista. Con un poquito de imaginación, cualquiera hubiera podido imaginársela en algún sofisticado aquelarre neoyorquino, invocando al diablo en el piso ochenta de un rascacielos odiosamente rectangular. Aquella buena señora, para que ustedes me entiendan, hubiera podido ser vecina de la infeliz Rosemary, de la película de Polansky La semilla del diablo. Parece ser, sin embargo, que Dalí estuvo profundamente enamorado de ella. Gala fue, en efecto, su musa, y el pintor la quiso desde el primer momento que la vio, dando así la razón a quienes piensan que el amor es una planta espontánea y no una planta de jardín. Hoy, los dos están ya en el otro mundo, a pesar de sus protestas de inmortalidad. Hace ya algunos años, cuando Gala falleció, la estrella del pintor ampurdanés empezó a apagarse rápidamente. Tal vez, Dalí comprendió entonces por primera vez en su vida que la muerte ni siquiera perdona a los genios y a sus enamoradas. JAVIER TOMEO