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25 1 09 ASÍ LO CONTÓ ABC 24 DE ENERO DE 1989 A Dalí le gustaba proclamar que él era inmortal. Y aunque era verdad, la muerte también arrebató su cuerpo. Una muerte de la que se cumplen veinte años y que movilizó a toda la sociedad española, que percibía que con él desaparecía un artista y un personaje irrepetible. Así lo contó ABC Un adiós surrealista os restos mortales de Salvador Dalí aguardan en Figueras a ser enterrados bajo la cúpula geodésica que corona el teatro- museo. Varios miles de personas, entre las cuales se encontraban las máximas autoridades civiles y militares de Gerona, así como el presidente del Parlamento de Cataluña, Joaquín Xicoy, pasaron ayer por la capilla ardiente de Salvador Dalí en Torre Galatea. Entre los primeros visitantes estuvieron Arturo Caminada, que ha sido chófer y ayudante de Dalí desde hace cuarenta años; su secretario, Robert Descharnes, y el alcalde de Figueras, Mariá Lorca. Descharnes, al que algunos rumores acusan de haber fotografiado el cadáver de Dalí y haber vendido las fotos a una revista francesa, se ha visto envuelto en un conflicto por este motivo con los otros dos íntimos del pintor, Antonio Pitxot y Miguel Doménech. Descharnes y fotografías con crespones negros adornan desde la tarde del lunes todos los escaparates de los comercios de Figueras, que exhiben también una variopinta colección de estampas, bajo las que se pueden leer inscripciones como En el último adiós, maestro o Siempre estarás con nosotros Figueras se ha volcado en este homenaje póstumo a Dalí. Y figuerenses eran las casi seis mil personas que habían pasado a las dos del mediodía por la capilla ardiente. Al entierro del pintor, que tendrá lugar esta tarde bajo la cúpula geodésica de Piñeiro que corona el L niega tajantemente haber realizado esas fotografías. A las seis de la mañana, la reducida habitación en que se encontraba el féretro con los restos mortales del artista, sobriamente decorada con una cortina de raso de color violeta y un gran crucifijo de plata, estaba abarrotada de fotógrafos. El cuerpo de Dalí estaba vestido con una túnica de seda blanca; la mitad del cuerpo estaba cubierta con un mantón de punto, hecho a mano, típico de la comarca ampurdanesa; las manos estaban cruzadas sobre los dorados adornos de pasamanería que daban al hábito un toque kistch los cabellos grises se desparramaban sobre la seda, también blanca y dorada, que cubría el interior del féretro. A las ocho de la mañana, la capilla ardiente se abrió al público, cuya máxima afluencia se registró entre las doce y las tres de la tarde. Panes de tres picos- -con los que el pintor saludaba a la gente en la corrida homenaje que se le tributó en 1962- Sobre estas líneas, el cuerpo del artista en la capilla ardiente instalada en Torre Galatea. De izquierda a derecha. Xavier Cugat y Rafael Santos Torroella entre las varias personalidades que acudieron a darle su último adiós. Dalí. en una imagen de 1980, junto a Gala, su musa, con quien compartió una vida de espléndidas invenciones. Y por fin, el genio medita cual Hamlet ante un pulpo