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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA De Gaudí a Goya POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE sta semana se ha llegado al domingo ahíto de noticias culturales, algunas de ellas, cierto es, ensombrecidas por el afán de protagonismo de Obama, que ha salido en los Telediarios más que Matías Prats. Y de esas noticias relacionadas con la Cultura, quizás la que sería imperdonable que se nos fuera sin un comentario es ésa de los Premios Gaudí del Cine Catalán, que corren a cargo de la recién instituida Academia del Cine Catalán, cuyos miembros han tenido el talento y el coraje de conseguir una definición precisa de qué E es una película catalana, como por ejemplo Vicky Cristina Barcelona la de Woody Allen, que resultó ganadora de un Gaudí a la mejor película en lengua no catalana, siendo mayormente catalana. Y, de paso, los académicos de aquí ya han hecho algo en su primera edición que todavía no han logrado hacer en su larga historia los de la Academia de Hollywood, aunque tal vez no tarden mucho: reconocer a Penélope Cruz como la mejor actriz de reparto. Los Premios Gaudí han pasado muy discretos y desapercibidos, pues al tomarlos como algo propio la televisión catalana, TV 3, y emi- tirlos un lunes en horario nocturno y alevoso, les puso, en cierto modo, una manta por encima, como al loro de casa para que se duerma. Dentro de unos días será la ceremonia de entrega de los Premios Goya, y ahí podremos comprobar cómo no es necesario hacer una gran inversión en talento y espectáculo para que se hable de la gala. De esta primera ceremonia de entrega de los Gaudí, poco se podía decir al día siguiente. Todo sosísimo y concentrado en ese terreno del rostro en el que toman impulso los bostezos... Ni siquiera el presidente de la Academia del Cine Catalán, el actor Joel Joan, al que no le suelen faltar grandes frases como sacadas de Espartaco o como leídas en una camiseta sin mangas, quiso dar su visión política global, lo que al menos le hubiera dado cierta gracia al asunto. Por cierto, en apenas un mes el mundo, o mundillo, del cine (o sea, de la Cultura) va muy de menos a más en eso de repartir premios: de los Gaudí vamos a los Goya, y de los Goya, a los Oscar. De menos a más, o de más a menos, como se quiera ver, pues esto se monta y se desmonta como las muñecas rusas... Lo que tal vez habría que plantearse es la posibilidad de que otras Comunidades Autónomas creen, primero, unos premios cinematográficos que les representen, y después, una Academia del Cine que decida a quién hay que otorgárselos. El único inconveniente es dar con la definición de cine andaluz, cine extremeño, cine murciano, gallego o castellano... pero si Woody Allen fue capaz de hacer cine catalán con Scarlett Johansson y Penélope Cruz, no parece una gran complicación conseguir que, por ejemplo, Aki Kaurismaki haga cine manchego o riojano. Hasta donde yo sé, al director finlandés el vino le gusta en todos los idiomas... TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO La falsa moneda POR XAVIER PERICAY L as vueltas que da el mundo! A lo largo del último mes, todos los medios de comunicación han dedicado tiempo y espacio a recordar el décimo aniversario de la llegada del euro a la Tierra. Y sus balances, sobra decirlo, han sido de lo más positivos. No en vano los españoles tenemos a estas alturas una moneda fuerte, cuyo valor no ha parado de crecer con respecto al dólar y la libra, y hemos visto aumentado a un tiempo, gracias en buena parte a esta moneda, nuestro nivel de renta, que ya casi alcanza la media europea. Pues bien, ahora que por fin podemos alardear de moneda, resulta que estamos a un paso de quedarnos sin ella. Me explico. Dentro de nada van a implantarse en España unas tarjetas monedero que amenazan con revolucionar nuestra vida cotidiana. En realidad, esas tarjetas ya se utilizan en determinadas ciudades del país, aunque su uso está limitado al pago del transporte. Son tarjetas de débito, pero, a diferencia de las ya existentes, no requieren firma ni número secreto. Basta con acercarlas a un terminal y al acto, mediante la banda magnética que llevan incorporada, queda registrado el pago correspondiente. Según parece, sólo el coste de estos terminales se opone por el momento a su generalización en el comercio. Pero todo es cuestión de tiempo. Y, tratándose de tecnología, de poco tiempo. Llegados a este punto, tal vez ustedes se pregunten por la utilidad del invento. Está, por supuesto, la comodidad de no tener que firmar, y hasta la de no tener que memorizar número secreto alguno. Pero está, sobre todo, la de llegar a prescindir, en un futuro cercano, de las monedas- -o eso afirman al menos los impulsores de la nueva fórmula de pago- Y es que esas tarjetas, cuyo uso quedará restringido a compras inferiores a veinte euros, han sido pensadas para acabar con la calderilla y los billetes modestos. O, lo que es lo mismo, con la franja baja del sistema monetario. No sé si se dan cuenta de lo que semejante innovación puede representar. El dinero ha constituido hasta ahora algo palpable, real. Allá por 1922, Gaziel se sorprendía en Marsella, camino de Génova, de lo mucho que pesaban los pocos duros y pesetas que llevaba en el bolsillo derecho del chaleco en comparación con los varios centenares de billetes franceses que guardaba en el izquierdo y cuyo valor había quedado reducido prácticamente a nada por efecto de la crisis que asolaba el país tras la Gran Guerra. El dinero, quieras que no, debe pesar. O, cuando menos, ha de poder tocarse. Si a partir de ciertas cantidades ya sólo tiramos de tarjeta, y por debajo de otra cantidad tres cuartos de lo mismo, ¿dónde está el dinero? Y si no que se lo pregunten a los clientes de Mister Madoff.