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25 1 09 LA IMAGEN La estrategia del vals TEXTO: ALBERTO SOTILLO FOTO: CHARLES DHARAPAK (AP) e suele hablar con mucha ligereza de los bailes de los grandes hombres de Estado. El Congreso no marcha. El Congreso baila se decía del Congreso de Viena, cuando, tras las sombrías guerras napoleónicas, emperadores, estadistas y diplomáticos se repartían Europa entre alegres bailes de salón. No debió de ser mala estrategia la de dejar que los emperadores se embriagaran con valses, cuando de aquel Congreso salió uno de los más largos periodos de paz en Europa. Lo de la política danzada fue idea del Príncipe Metternich, el genial diplomático austriaco que soñó con preservar la unidad en un imperio multinacional a golpe de rigodones y zarabandas, con profusión de quioscos de música en las plazas públicas y bandas de metales en el ejército. Si Europa se hubiese embriagado de verdad con rigodones y mazurcas, como quería Metternich, se habría ahorrado muchos horrores. Obama ha rendido homenaje a la estrategia política del vals, entregándose en una sola velada a un maratón de diez bailes inaugurales con los que remató la ceremonia de su investidura. Véanlo en la imagen con su mujer Michelle, en el Baile inaugural del Comandante en Jefe dando los primeros pasos sobre un suelo alfombrado con el escudo presidencial del águila de cabeza blanca y el sabio lema E pluribus unum (De muchos, uno) La imagen de un día de optimismo para toda la humanidad. Si fuésemos realistas, recordaríamos que todos los políticos están abocados al fracaso. Después, la historia será más o menos indulgente con ellos, pero ni uno abandona el cargo sin la ominosa sombra del fracaso. Por eso, en EE. UU. como en un sueño austrohúngaro, el relato del presidente se abre con un happy beggining como una película contada al revés, que comienza con un feliz inicio y avanza después hacia el ineluctable desastre en que concluyen todas las relaciones con el poder. Lo importante es el inicial compromiso con el vals, con la loca enmbriaguez de que la razón triunfará y será posible la felicidad. Tenemos mucho que aprender de Estados Unidos, claro que sí. Lo primero, a que nuestros presidentes inauguren legislatura bailando un vals con su señora, como Michelle, vestida de novia con tanto candor como dudoso gusto. S