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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Apenas cien sobreviven en Tánger, casi todos de avanzada edad. Esther Hadad, de 76 años, mantiene la autoescuela París desde hace 55 años. Aunque recientemente ha sido desalojada de su local de forma algo racista reconoce que los hebreos aquí vivimos bien. No nos molestan, tenemos la nacionalidad y los mismos derechos Y en esa urbe del estrecho de Gibraltar se aferra también contra el paso del tiempo el jaquetía (o hakitia un cóctel muy gracioso- -dice Esther- -de castellano viejo con algo de hebreo y árabe empleado sobre todo por los sefardíes de las ciudades del norte de Marruecos. Ángel Vázquez, español que vivió en Tánger y que obtuvo el premio Planeta en 1962, lanzó un flotador a este náufrago lingüístico con su obra La vida perra de Juanita Narboni donde la protagonista, buena conocedora de la realidad judía de esa ciudad a mediados del siglo XX, recurre al calendario hebreo y al jaquetía con frecuencia. La capital económica, con unos 3.000 judíos, ha pasado a monopolizar prácticamente la actividad de esta comunidad, aunque las fiestas del calendario hebreo son una El conservador del Museo Judío de Casablanca, Simon Levy, en una de las salas buena ocasión para que por todo el país se revivan tiempos pasados y hasta se reciba a algunos de los que emigraron. Casablanca mantiene en funcionamiento una veintena de sinagogas, el citado museo, varias escuelas en las que se forman cerca de un millar de alumnos- -judíos o no- centros de asistencia para mayores y otras obras médico- sociales, carnicerías kosher o cementerios. Varios de esos lugares- -un antiguo cementerio y un restaurante- -fueron dos de los objetivos de los atentados terroristas del 16 de mayo de 2003, que causaron cerca de 40 muertos. Unos meses después, tras los ataques del 11- M en Madrid, la catedral cristiana de Rabat acogió un acto multirreligioso celebrado de la mano por musulmanes, cristianos y judíos. Asistió el Gobierno marroquí en pleno, en un momen- to en que se consideraba especialmente necesario separar la violencia terrorista del credo religioso. Durante el reciente ataque de Israel en Gaza, las calles marroquíes han sido escenario de protestas en las que se ha pisoteado, escupido y quemado la bandera israelí. Aunque no era la ira de los judíos locales la que se expresaba de esta manera, el Consejo de Comunidades Israelitas de Marruecos sí dejó claro por medio de un comunicado que estaban en contra de la matanza que se estaba llevando a cabo en la Franja. Las imágenes de esos niños palestinos a los que les han arrancado la vida son insostenibles Nosotros, judíos marroquíes, nos solidarizamos con las víctimas inocentes de Gaza y otros lugares Levy reacciona airado sin embargo al ser preguntado por las acusaciones contra Tel Aviv de genocidio y responde mientras tira sus gafas sobre la mesa del despacho. Mire, lo de Gaza es una matanza horrible y no podemos aceptarlo como judíos, pero genocidio fue la muerte de cinco millones de personas por los nazis En el restaurante judío La menorá en el centro de Rabat, su gerente, Jaime Crispín, afirma que no ha habido presión sobre ellos durante los ataques en la Franja. Este hijo del que fuera presidente en los años sesenta de la comunidad hebrea de Alcazarquevir, ciudad del antiguo protectorado español, destaca la dafina el plato por excelencia de la cocina judeomarroquí que se consume durante el shabat como nexo de unión con la cocina fassi (de Fez) y marroquí en general. Lleva patatas, huevo, garbanzos, carne... Son muchos de los alimentos en común En el local entra todo tipo de clientela sin importarle la titularidad del dueño ni el candelabro de siete brazos que lucen sus vidrieras. Comunidad que se evapora Rachid, musulmán, guardián desde hace medio siglo del cementerio judío situado junto a la ciudad vieja de Rabat Pero, más allá de su negocio, Crispín reconoce que la vida de comunidad se está evaporando porque cada vez van quedando menos. Aún no tiene seguro que su hijo vaya a celebrar el próximo verano, cuando cumpla los 13 años, su bartmizva (rito similar a la primera comunión) en los salones adyacentes a la única sinagoga que queda abierta en la capital, pues la del mellah cerró recientemente. Los locales del enorme edificio caen cada vez más en desuso. Nadie quiere hablar sin embargo de un declive definitivo de la presencia de los judíos en el reino alauí. Simon Levy, que además de judío de peso es un histórico comunista, saca pecho. Soy un viejo de 75 años y me voy a quedar donde vivo y he luchado, un pueblo abierto y tolerante pero que no ha tenido mucha suerte en el modo de ser dirigido en sus primeros cincuenta años de independencia