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25 1 09 EN PORTADA Una montaña de áridos y escombros espera para ser arrojada al mar para construir Sovereign Bay, una macro- urbanización diseñada por Norman Foster al este del istmo La Roca crece Tierra andaluza en Gibraltar POR ALFONSO ARMADA FOTOS: ANDRÉS G. RAGEL alvo los famosos monos que son parte indisoluble del imaginario del Peñón, y a los que nadie ha preguntado- -a pesar de que son más inteligentes que muchos humanos comenta con sorna un taxista llanito- sólo 187 gibraltareños votaron en el referéndum celebrado en 2002 a favor de que el Reino Unido y España compartieran la soberanía sobre la Roca. El 99 por ciento de los casi 30.000 habitantes se pronunciaron con un resonante no Gibraltar es una espina en el pie de España que ha acabado de hacer callo, y el viejo banderín de enganche ¡Gibraltar español! no despierta las fiebres patrióticas de antaño: no parece que haya muchos dispuestos a morir en el empeño de reconquistar el estratégico enclave perdido el 4 de agosto de 1704 a manos de la pérfida Inglaterra y el cruce S de notas diplomáticas sobre la soberanía de la Roca entre Londres y Madrid es un rito de paso todos los otoños en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Pero las aguas en torno al istmo han vuelto a agitarse a cuenta de un gigantesco proyecto urbanístico diseñado por Norman Foster, una de las más rutilantes estrellas del firmamento arquitectónico, y que está logrando lo inimaginable, que la Roca crezca, que el volumen de Gibraltar aumente ganando terreno al mar a costa de las aguas territoriales españolas, ya que según quedó establecido en el Tratado de Utrecht, la única jurisdicción marítima de Gibraltar sería sobre las aguas de su puerto. Es como si la mítica aureola de un Peñón donde la leyenda dice que se levantaba una de las legendarias columnas de Hércules hubiera cobrado vida. Claro que para esas artes de birlibirloque hace falta más codicia que nocturnidad, porque para alterar los 6,8 kilómetros cuadrados que, según Wikipedia, hacen de Gibraltar el 229 territorio del mundo por extensión, los áridos que se están empleando para rellenar el mar junto al istmo, en el llamado Eastside que bate el viento de Levante y fortísimas corrientes, proceden en su mayor parte del municipio malagueño de Casares. Todo un contrasentido que critican acerbamente desde el alcalde de La Línea de la Concepción, Juan Carlos Juárez, a organizaciones ecologistas como Verdemar. Porque los camiones que trasladan tierra española para ampliar el volumen físico de la colonia transitan sin obstáculos de ningún tipo por carreteras españolas y atraviesan la garita de La Línea. En su despacho del palacete donde tiene Camiones por la garita