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18 1 09 HORIZONTES El retiro de Bush en Texas Texas ofrece la oportunidad de acercarse a los escenarios donde el presidente saliente de EE. UU. se construirá una nueva vida: su rancho de Crawford y una mansión que acaba de comprar en Dallas POR ÁNGEL PEÑA stoy deseando volver a casa Nostálgico y s e nt i me n t a l sublimado hasta el infinito ese carácter hogareño al más puro estilo americano que tanto éxito le ha reportado en su país (no tanto fuera) George W. Bush explicaba sus planes de futuro en una entrevista en la CNN. Y ese futuro ya inminente- -Obama lo desalojará de la Casa Blanca el martes- -está en el sur, en una tierra de hombres curtidos: No hay duda de que me voy directo a Texas. La echo de menos La imagen más bien pedestre que el mundo tiene tanto de Texas como del aún presidente podría hacer pensar en un encierro ranchero bien surtido de televisión por cable y fritos de maíz. Pero el regreso plantea una disyuntiva clásica: la ciudad o el campo. El rancho de Bush es universalmente conocido. Allí ha dado al mundo impagables imágenes sierra eléctrica en mano, rodeado de reses, relajado: muy americano. Una publicidad de la que se han aprovechado los lugareños. En Crawford, el pueblo más cercano, lo esperan con los brazos abiertos. No en vano, como dice Valerie Ci- Campo o ciudad E Dallas, donde Bush ha comprado una mansión por tres millones de dólares trato, propietaria de la tienda Souvenirs Western White House, mucho ha cambiado desde que en 1991 los Bush le compraron Prairie Chapel a los Engelbrecht: donde antes había edificios cerrados y tapiados, ahora turistas y paisanos comparten un buen café y pasean por las aceras de un pueblo renacido En realidad, Valerie exagera. Aunque la llegada de Bush haya espantado la decadencia, Crawford sigue siendo poco más que un cruce de caminos de unos 700 habitantes. Y ahí reside su encanto. Un paseo panorámico se podría reducir a tres puntos. La vida social se concentra en la calle principal (única merecedora de tal nombre) con un par de tiendas de recuerdos y un café adornado con una gran bandera estadounidense y el retrato de la Primera Familia; la Historia la representan la antigua cárcel, un cobertizo con una placa que recuerda su tenebroso pasado, y los ladrillos de la oficina de correos, cerrada desde hace 30 años; la industria, el molino con su gran silo metálico. Pero el verdadero atractivo de Crawford está a su alrededor: el campo texano se despliega en grandes extensiones de tierra fértil, repletas de ganado y árboles centenarios bajo un cielo surcado por majestuosas águilas. Un paraíso que incluye incluso un par de atracciones turísticas poco explotadas: las cascadas de Tonkawa y unas interesantes cuevas. Bush disfruta de esa naturaleza. Sus visitas al pueblo son escasas: prefiere el rancho, unas 700 hectáreas de campo abierto de pastos y bosque, con buena caza- -el presidente se jacta de cobrar sus buenas codornices- -y trabajo duro y sano. Los Bush aseguran que en Prairie Chapel hacen una vida normal en familia con jornadas que comienzan a las cinco y media de la mañana. Calma total. Tranquilidad que no siempre obtienen fuera de las bien vigiladas cercas. Pese a la opinión favorable oficial y mayoritaria, no todos en Crawford adoran al presidente de la guerra de Irak. De hecho, la vía del tren divide el pueblo según los cánones del Western. A un lado, la calle principal con toda la parafernalia oficialista; al otro, la Casa de la Paz, un centro de protesta pacifista con un regusto hippie, una ética y una estética que re- El campo texano se despliega en grandes extensiones de tierra fértil, repletas de ganado y árboles centenarios bajo un cielo surcado por majestuosas águilas