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18 1 09 EN PORTADA Los Obama Nueva vida en la Casa Burbuja POR PEDRO RODRÍGUEZ. WASHINGTON mundo... Desde John Adams- -el segundo presidente de Estados Unidos- -la White House ha acumulado una irónica dosis de mala fama entre una destaca porción de sus distinguidos ocupantes. Y es que, a pesar de todo lo que hay que luchar para conquistar la presidencia en un sistema democrático que puede resultar tan épico como el norteamericano, los inquilinos temporales de la residencia situada en el número 1600 de la Avenida Pensilvania en Washington no han dejado a lo largo de los tiempos de lamentar el impacto del extraordinario protagonismo de esta histórica residencia presidencial. En la era de la comunicación de masas, con ciclos informativos de veinticuatro horas durante siete días a la semana dominados por internet, el escrutinio ingente y la pública rutina a la que se somete a un presidente de Estados Unidos suele ser descrito como una burbuja. Mezcla de aislamiento, distorsión de la realidad y falta de intimidad provocada por los cada vez mayores requisitos de seguridad, el seguimiento permanente de la Prensa y la voraz atención de la opinión pública a escala mundial. A partir del próximo martes, Barack Obama y su familia empezarán a ocupar el centro de esa burbuja dentro de un cambio de vida radical. A lo largo del extenso periodo de transición desde su victoria electoral del 4 de noviembre, Barack Obama ya ha tenido puntos de fricción. Durante sus vacaciones navideñas en Hawai esquivó a los periodistas encargados de seguirle constantemente para poder llevar con tranquilidad a sus hijas a un parque acuático. Y cuando volvió a reencontrarse con su pool de Prensa, se molestó con un reportero que estaba apuntando en su libreta detalladamente qué tipo de sandwich (atún con queso fundido y pan integral) se disponía a consumir el presidente electo en el informal chiringuito Koko Marina Paradise Deli. Uno de los problemas de Barack Obama, fruto de su meteórica carrera política, es que no tiene mucha experiencia acumulada con todo el escrutinio asociado con la burbuja. Previamente no ha pasado por la experiencia didáctica de ser gobernador, o vicepresidente o hijo de presidente para asumir un poco lo que significa la constante atención, la masiva seguridad y la superproducción que supone salir a la calle incluso para algo tan trivial como irse a cortar el pelo, dar un paseo o comprar un helado a sus hijas. E spléndida miseria, cárcel blanca, pecera, combinación de tienda- abajo- y- vivienda- arriba, el lugar más solitario del El propio Obama reconocía recientemente en una entrevista a la cadena de televisión CBS: Existen algunas cosas a las que no nos hemos ajustado todavía Lamentando la pérdida de las pequeñas rutinas de la vida que te mantienen conectado Lo que explica en buena parte su comentada resistencia al consejo tanto de sus escoltas como de sus abogados de desprenderse de su sofisticado teléfono móvil, de la marca BlackBerry, que le ayuda a mantenerse en contacto con amigos y asesores. A pesar incluso del precedente marcado por George W. Bush que, al comienzo de sus ocho años en la Casa Blanca renunció a mandar correos electrónicos a su círculo de amistades por temor a que pudieran ser confiscados por cualquier investigación judicial o parlamentaria. Aislamiento elitista El presidente electo ha generado su buena dosis de titulares al insistir en una alternativa tecnológica suficientemente segura, aunque sea sacada del atrezzo de James Bond, para mantener abierto su querido canal digital de comunicación con el mundo exterior. Y de paso no caer en situaciones de embarazoso aislamiento elitista como cuando Bush padre se maravilló delante de todo el mundo sobre la existencia de escaneadores para facilitar el pago en las cajas de supermercados. Según ha indicado el propio Obama a la cadena NBC, en la semana antes de tomar posesión todavía estaba luchando por retener su BlackBerry porque no ve otra forma posible de enterarse del flujo de la vida diaria que discurre fuera de la burbuja. Para Barack Obama, la burbuja incluye especialmente la escolta del Servicio Secreto. Al recibir amenazas al comienzo de su candidatura, Obama ya decidió solicitar seguridad oficial antes que ningún otro candidato presidencial, privilegio instaurado tras el asesinato de Robert Kennedy en el año 1968. Pero, a partir de ahora, se moverá con una comitiva compuesta por un pequeño ejército de agentes con armas automáticas, una caravana de vehículos blindados, un furgón especial de comunicaciones y hasta una ambulancia. Además de no detenerse nunca ante un semáforo. De acuerdo con la reciente tra- Obama contará en la Casa Blanca con la compañía de su suegra, Marian Robinson, una matriarca nada tímida, que se encargará de cuidar de sus nietas Los Obama han optado por seguir la pauta ya marcada por los Clinton con Chelsea al mandar a sus hijas a uno de los colegios privados más exclusivos de Washington dición de renovar el material aprovechando el cambio de gobierno, el Servicio Secreto estrenará cuando Barack Obama tome posesión el próximo martes una nueva limusina presidencial. El vehículo- -un Cadillac súper- modificado y super- tuneado hasta merecerse el apelativo de la bestia -es más bien un tanque con ventanillas blindadas cuyas especificaciones aspiran casi a resistir el impacto directo de un asteroide. Como ha explicado Joe Funk, agente retirado del Servicio Secreto y chófer de Bill Clinton, el nuevo presidente seguramente experimentará al principio una sensación contradictoria: estar completamente aislado en su búnker rodante, pero con la posibilidad de comunicarse al instante con cualquiera en el mundo. El 20 de enero, en un alarde de sincronización logística con grandes camiones y subvencionada, todos los enseres del ya ex presidente