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26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE Un caminante pasa junto a un cartel que indica el valor del devaluado rublo con vistas a una Plaza Roja que ha sabido sobrevivir a los muchos baches de la historia rusa ciones sobre cuyo fondo el Kremlin parezca una escupidera de la Historia En 1931 Lazar Kaganovich, miembro del Politburó encargado de la reconstrucción moscovita dio un giro más de tuerca al proclamar: Levantémosle las faldas a la madre Rusia Un artista. De acuerdo con el plan fueron demolidos 426 monumentos de reconocido valor artístico, entre ellos la Catedral de Cristo Redentor, que debía ser sustituida por el Palacio de los Soviets, un monstruo que albergaría a 41.000 personas, coronado por una estatua de Lenin de 100 metros, en cuya cabeza estaba previsto que se dispusiera el despacho de Stalin. Aunque el palacio no se construyó nunca (en su solar se habilitó una estupenda piscina) la catedral fue- -como otros edificios destruidos por la barbarie de aquellos años- -reedificada recientemente (1997) en conmemoración de los 850 años de la fundación de la ciudad. Lo que sí hizo el urbanismo estalinista por Moscú fue levantar las Siete hermanas los siete edificios elevados que debían conmemorar la victoria en la Segunda Guerra Mundial- Gran Guerra Patria y complementar el fastuoso palacio. Según cuenta Tatiana Pigariova en su excelente Autobiografía de Moscú (Laertes) los periódicos de entonces (estamos al comienzo de la AFP Lago Ladoga San Petersburgo Novgorod Kholm Rybinsk R U S I A N Velikiye Luki Moscú Pistas Visado. Imprescindible para Rusia. Embajada rusa en España: www. spain. mid. ru spa. html Hoteles. Son caros, y sus prestaciones irregulares. Una de las siete hermanas es el Ucrania, a orillas del río Moscú: www. ukraina- hotel. ru. Otra alternativa es el gigantesco Cosmos, www. hotelcosmos. ru Gastronomía. Gran variedad y últimamente la fusión oriental está de moda. Bukloe (Arbat 27 47) es una boutique que sirve menús del Cáucaso. El venerable Café Pushkin (Tverskoy bul 26) ofrece una combinación exquisita de comida francesa y rusa. Guerra Fría) hablaban del triunfo de las composiciones verticales que simbolizaban la liberación soviética de las fuerzas oprimidas opuestas al horizontalismo mecanicista de la arquitectura occidental. El resultado de este barullo teórico fue un eclecticismo que vincula, para asombro del visitante, elementos románicos, góticos, barrocos, clásicos, imperio y del movimiento moderno (Le Corbusier, por cierto, también habría soñado arrasar el antiguo Moscú para levantar la urbe del futuro) La primera de las hermanas construidas por presos políticos, que en una ocasión emparedaron a un cruel capataz y en otra contemplaron con horror el fusilamiento de un compañero que había intentado huir saltando desde las alturas con unas alas de tela que se había fabricado cual un Ícaro moderno, fue el Kotélnicheskaya con 700 apartamentos destinados a la elite soviética. El segundo fue el Ministerio de Asuntos Exteriores, al comienzo de Arbat, rematado por orden de Stalin con un chapitel para respetar la tradición piramidal de la arquitectura rusa luego vinieron el de la plaza Kudrinskaya, con un enorme zócalo; el Hotel Ucrania; el Ministerio de Transportes; el hotel Leningradskaya y la Universidad Lomonósov, cuyos pasillos subterráneos fueron diseñados para que transitaran por ellos dos tanques en paralelo el uno junto al otro. La estrella que corona el gigantesco edificio está a 310 metros de altura sobre el río Moscú y, sin duda, si Stalin hubiera vivido lo suficiente, se habría rematado con su efigie. Al año siguiente de su muerte el mismísimo Nikita Jruschov publicó en Pravda un artículo criticando estos edificios que eran como tartas de boda Para ser justos, la identificación de la arquitectura e ingeniería soviética con Moscú debe incluir también elementos excelentes como el metro, tan lujoso y eficiente como habíamos imaginado. Todo aquel mundo se derrumbó en 1989, ahora hace veinte años, pero queda mucho por reflexionar en torno a las ciudades de aquel extremo europeo que también es Rusia. Si la eterna rivalidad de la omnívora Moscú con la palaciega San Petersburgo se sustancia en estos días con la acusación de que aquella es la capital del pasado soviético, al viajero le basta entrar en algún restaurante y comprobar una vez más la simpatía y el afecto que existe hacia los españoles y su idioma (la espléndida labor del Instituto Cervantes tiene mucho que ver en ello) o con escuchar por las calles casi de continuo música clásica, tan amada por sus melómanos habitantes, para saber que también allí está su hogar.