Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Otra verdad incómoda: hace frío POR E. RODRÍGUEZ MARCHANTE OS ha pillado esta ola de frío polar en pleno debate sobre el calentamiento global. No sé con exactitud cuáles han sido las medidas reguladoras que se han tomado para contener la liberación de dióxido de carbono (que es lo que produce el efecto manta que recalienta el planeta) pero han tenido un enorme éxito. Incluso, se podría decir, que más éxito del conveniente, porque, ¿no habría algún modo de liberar unos dióxidos de carbono extra estos días y tener un poquito más de efecto manta o, como poco, efec- N to calcetín de lana Ahora que se va Bush y viene Obama, tal vez no sea ya tan necesario seguir con esa cantinela y se pueda matizar- -mejor aún, relativizar -el asunto hasta que llegue julio. Diría que hay terreno para colocarse entre Al Gore y el primo de Rajoy. Tras las previsiones de Al Gore y su estupendo documental Una verdad incómoda habíamos llenado el armario de camisetas de manga corta y ahora hay que precipitarse a las rebajas a ver si todavía queda alguna pelliza a buen precio. Y con la llave de paso del gas en manos de los rusos... Así las cosas, y en contra de todas las pre- visiones (salvo las de Zapatero y su vocero, Pepiño Blanco) habrá que conformarse con tener un año de bienes y un inmejorable panorama literario, pues, ya se sabe, que el frío y el hambre agudizan el ingenio del escritor. Aeropuertos cerrados, carreteras colapsadas, operaciones y viajes congelados, políticos tirándose bolazos como chiquillos en el patio, colegios vacíos, parques llenos, vaho, muñecos... todo ello por culpa de- -o gracias a- -las grandes nevadas de los últimos días... Y todo ello lo padecemos- -o gozamos- -los ciudadanos como si fuera la primera vez que ocurre en un raro efecto memento pero lo cierto es que cada año nos inundamos cuando llueve, nos resecamos cuando no llueve y nos colapsamos cuando nieva. Y ésa es, francamente, la gran e incómoda verdad para nuestras limitadísimas cabezas: las nevadas son el anuncio de que vamos hacia una quinta glaciación y los días de canícula siempre son el preludio del definitivo calentamiento de la Tierra. Y es muy útil y beneficioso que haya una legión de profetas e iluminados que nos lo vayan anunciando según convenga, pues el terrícola tiene cierta tendencia a gripar su propia nave. Lo que no es normal, creo, es que debatamos sobre el calentamiento global mientras nos pelamos de frío. En esto, es evidente, que un poco de orden sería muy ventajoso para la credibilidad de los profetas. Durante el invierno sólo darían conferencias los seguidores de Milankovitch y su teoría de la glaciación, mientras que en verano sería el turno a Al Gore y los suyos. Todos harían su temporada, como los toreros, y uno no tendría más que abrigarse o desabrigarse con lo que venga, como esos ateos que se anuncian en los autobuses. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Las toxinas del pesimismo POR XAVIER PERICAY A ntes de la crisis, uno podía tomarse la vida según le fueran las cosas y según su carácter. Es decir, podía tomársela según su carácter apreciara que le iban las cosas. Pongamos que uno fuera optimista. ¿Que las cosas le iban bien? Fenomenal. ¿Que no? Ya vendrán tiempos mejores. Pongamos ahora que fuera pesimista. ¿Que todo marchaba a pedir de boca? Ya será menos. ¿Que no? Pues figúrate lo que nos espera. Y así, con esos pulsos dispares, unos y otros iban tirando. Pero eso era antes. Antes de la crisis. Desde hace unos meses, nada es igual. Para entendernos, en nuestra sociedad se ha producido un achique, un achique tremendo. Ya no cabemos todos. Y los que están de más, en contra de lo que cabría suponer, no son los optimistas todoterreno que nos han llevado, con su inconsciencia temeraria, al pozo en que nos encontramos; no son los malos utopistas de que hablaba Ortega y cuyo recuerdo traía a estas mismas páginas, en un artículo reciente, José María Carrascal, sino los otros, los que se pasan el santo día con los pies en el suelo, los renuentes a cualquier aventura, los eternos recalcitrantes- -los pesimistas, en definitiva- A esos hay que barrerlos como sea. Porque, tal como está el patio, lo que se necesita, al decir de los expertos, es gente animosa, positiva, optimista. Los demás sobran. Sobramos. Sí, para qué engañarles, yo soy uno de esos condenados. No sirvo. Y, lo que es peor, además de no servir, constituyo una amenaza. Así lo estima, cuando menos, una autoridad en la materia como Bernabé Tierno- -psicólogo y pedagogo, autor prolífico de libros de autoayuda, conferenciante infatigable y paladín de la sonrisa permanente- que, tras lamentarse del número de pesimistas que hay en el mundo, nos denomina, a mí y a los de mi calaña, personas tóxicas De ahí mi desazón. Así las cosas, me temo que no voy a tener más remedio que apechugar con las conse- cuencias y ponerme a un lado, no vaya a echarme alguien en cara que me dedico a envenenar a mis congéneres. Claro que todavía me queda otra posibilidad: la conversión. Si el futuro- -como mínimo, hasta que las aguas de la economía se decidan a volver a su cauce- -pertenece a los optimistas y sólo a ellos, quizá merezca la pena hacer un esfuerzo y mudar de acera. ¿Cómo? Pues tratando de desintoxicarse, por supuesto. Sonriéndole a la vida, poniéndole color al gris, ahuyentando los malos pensamientos, dándole la vuelta a la desgracia, levantando castillos, aunque sea en el aire, o pidiendo incluso la luna, qué caray. Y si, aun así, uno sigue con el veneno en el cuerpo, entonces sí, habrá que resignarse. A quien ha hecho todo lo humanamente posible por cambiar, más no se le puede exigir.