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11 1 09 LA IMAGEN La nueva guerra fría TEXTO: ALFONSO ARMADA FOTO: OGNEN TEOFILOVSK REUTERS l telón de acero se ha desplazado hacia el este, hasta las que a partir de 1991 se convirtieron en nuevas fronteras de Rusia. Ucrania, el Estado más grande y poderoso de Europa en los siglos X y XI, se desgajó aquel año del yugo soviético y recuperó su identidad política. Ahora libra su particular guerra fría con la Rusia de Vladimir Putin a cuenta del gas que calienta a buena parte del este y el centro de Europa. Rusia y Ucrania se acusan mutuamente de haber cerrado la llave del gasoducto a través del cual Gazprom, el gigante energético ruso, remite a Europa 300 millones de metros cúbicos de los entre 400 y 450 millones de metros cúbicos diarios de gas ruso que el viejo continente consume. Mientras Moscú dice que es Ucrania quien ha cerrado la espita, Kiev reprocha a Rusia haber cortado todo el suministro como represalia por su negativa a abonar una factura que Gazprom ha multiplicado. Moscú esgrime que sus hermanos eslavos roban el gas europeo al tiempo que reclaman un precio soviético y no el que marca el mercado. Millones de ciudadanos de Bulgaria, Rumania, Grecia, Serbia, Bosnia, Macedonia, Hungría y Chequia, entre otros, padecen en sus carnes la falta de gas para calentar sus radiadores en medio de las bajísimas temperaturas que se registran en Europa central y del este. Muchas empresas han empezado a reducir sus jornadas o a echar el cierre hasta que vuelva el suministro y 80 escuelas búlgaras han pedido permiso a las autoridades para decretar vacaciones especiales y evitar que los alumnos se conviertan en pingüinos. Valorada el verano pasado como la tercera empresa del mundo por su capitalización mercantil, Gazprom trata de salvar su reputación, y con ella Rusia como socio energético fiable ahora que se repite una crisis que ya enfrió los radiadores de media Europa en 2006. Pero también Ucrania, que hace dos años suscitó las simpatías europeas por sus esfuerzos democratizadores, se encuentra en una posición más delicada, aunque el mar de fondo sigue teñido del gris acerado de la guerra fría: el acercamiento de Kiev a la OTAN y a la Unión Europea es vista por el Kremlin como una amenaza a su vieja soberanía y coraza de seguridad. E