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EL LIBRO 14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE El general Fellgiebel (i) felicita al general Janssen, jefe de la base de misiles de Peenemünde. Detrás, vestido de civil, Wernher von Braun efectividad en el campo de batalla. No era fácil: a los continuos problemas técnicos y ajustes necesarios para un sistema absolutamente pionero en su campo, había que sumar los problemas de suministro. Las materias primas escaseaban, y los hombres de Peenemünde se veían obligados a menudo a cambiar los diseños con el único objetivo de usar un material alternativo porque el inicialmente propuesto no estaba disponible en las cantidades o plazos precisos. Esto afectaba seriamente a la fabricación, cuyos responsables se quejaban de que no habían conseguido poner a punto los utillajes y procesos para un determinado diseño, cuando les eran cambiados los planos y tenían que volver a partir de cero. Todo ello ocasionaría serios retrasos que afectarían a la entrada en producción del nuevo misil. Cuando el Führer aprobó el proyecto en julio de 1943, ya planeó que la nueva arma se utilizaría para atacar Londres. Deberían construirse treinta mil de estos misiles, a un ritmo de unos mil al mes, y el primer ataque debería tener lugar en octubre. Dornberger y von Braun habían escuchado al líder nazi en silencio: ambos sabían que aquello era imposible. En realidad, la entrada en servicio del arma se demoraría hasta un año más tarde de lo que Hitler había solicitado. Para cuando el primer A- 4 era disparado hacia París el día 8 de septiembre de 1944, las tropas aliadas ya se batían en el continente contra los nazis, tras completar su desembarco en Normandía tres meses atrás. Demasiado tarde para dar la vuelta a una guerra que ya aparecía irremisiblemente perdida para Alemania. El primer lanzamiento de un A- 4 durante la guerra, sin embargo, había tenido lugar dos días atrás: el 6 de septiembre, una batería móvil ubicada cerca de la frontera oeste alemana había intentado lanzar dos cohetes contra París, que no consiguieron más que destruir las plataformas desde las que tenían lugar los lanzamientos. Dos días después, el intento se repetía con éxito con el misil lanzado contra la capital francesa. Ese mismo día, otra unidad lanzaba dos cohetes más desde una ubicación cercana a La Haya, en Holan- Identificación de Von Braun como empleado del Ejército alemán da, en esta ocasión dirigidos contra Londres. El día siguiente a los primeros lanzamientos con éxito, los periódicos alemanes abrían con los titulares El arma de la venganza en acción contra Londres La Vergeltungswaffe- 2 era la nueva arma de la venganza que sucedía a la V- 1. La propaganda de Goebbels convertiría así para la posteridad el cohete A- 4 en la tristemente famosa V- 2. ¿Qué sintió von Braun cuando el cohete cuyo desarrollo había liderado, nacido de sus sueños sobre los viajes espaciales, terminaba siendo utilizado como arma para bombardear civiles? Es difícil saberlo, y sus propias declaraciones al respecto son en ocasiones contradictorias. Probablemente también sus propios sentimientos eran contradictorios. Lo que escribiría en sus memorias sería durante años la versión más extendida, llegando casi a convertirse en leyenda; según esa versión, los comentarios que todos hacían a los técnicos eran: Podéis estar orgullosos de vuestra V- 2. Es el único arma que los aliados no pueden parar. Es un éxito. Está golpeando Londres cada día Sí- pensaría von Braun, de acuerdo a sus palabras- es un éxito; pero estamos golpeando el planeta equivocado. Palabras prácticamente idénticas escribiría su colega Stühlinger: Queríamos que nuestros cohetes volasen hasta la Luna y Marte, no que cayesen sobre nuestro propio planeta Sin embargo, el mismo von Braun confesaría en un par de ocasiones que no siempre sus sentimientos al respecto fueron tan inocentes. En una extensa carta privada a uno de sus críticos, escrita en 1971, expresaba: Me han preguntado muchas veces cómo pude producir armas de guerra sólo puedo decir esto: cuando tu país está en guerra, cuando tus amigos mueren, cuando tu familia está en constante peligro, cuando las bombas caen a tu alrededor y pierdes tu propia casa, el concepto de guerra justa se convierte en algo muy vago y remoto, y luchas por infligir al enemigo tanto o más SUFRIMIENTO como el que tú y tus familiares y amigos habéis sufrido Algo similar quedaría reflejado en comentarios al periódico británico Manchester Guardian, publicados en 1977 con ocasión de su muerte. Según parece, von Braun había confesado no sentir demasiados remordimientos cuando comenzaron los ataques contra la capital británica: Sentí satisfacción. Yo había visitado Londres un par de veces, y me encantaba el sitio. Pero amaba Berlín, y los británicos lo estaban bombardeando hasta los cimientos Similares sentimientos confesaría un antiguo miembro del equipo de Peenemünde en una entrevista años después de la guerra: No se engañen: aunque von Braun puede que tuviera polvo espacial en sus ojos desde su niñez, la mayoría de nosotros estábamos bastante resentidos por el duro bombardeo aliado sobre Alemania, por la pérdida de civiles alemanes, madres, padres, parientes... Cuando la primera V- 2 cayó sobre Londres, brindamos con champagne. ¿Por qué no? Seamos honestos: estábamos en guerra, y aunque no éramos nazis, teníamos una patria por la que luchar.