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11 1 09 EL LIBRO BIBLIOTECA NUEVA Del misil balístico a la Luna Wernher von Braun fue el diseñador del cohete Saturno V con el que el hombre llegó a la Luna. Pero, tras su brillante ejecutoria al frente de la carrera espacial norteamericana, escondía un turbio pasado en la Alemania nazi, donde tuvo un papel esencial en el desarrollo de los misiles V- 2. Una sinuosa carrera que comenzó con el sueño de explorar el espacio de un niño prodigio a noche empieza a caer sobre Londres, mientras sus habitantes desarrollan su rutina habitual. Desde hace algunos meses, esa rutina es mucho más apacible que a lo largo de los últimos cuatro años: desde que las tropas aliadas desembarcaran en Normandía, cuatro meses atrás, los londinenses han visto desaparecer de sus vidas las alarmas de bombardeo, las carreras a los refugios, el rugir de las bombas al caer sobre sus casas... Alemania se bate en retirada, y la antes temida Luftwaffe no es ya sino un fantasma de lo que fue tiempo atrás. Incluso las bombas volantes V- 1 han dejado de caer sobre la ciudad, después de que los ejércitos aliados capturaran sus bases de lanzamiento en la costa francesa. Aunque muchos de los londinenses tienen familiares batiéndose en el continente, manteniendo la guerra directamente unida a sus vidas, al menos parece que una sensación de paz se va asentando lentamente en su entorno. Pero a las 18: 43 de aquella tarde, estalla el infierno: de repente, una violenta explosión sacude la localidad de Chiswick, a diez kilómetros del centro de Londres, abriendo un gran cráter en el suelo y derribando varios edificios. ¿Sabotaje? ¿Una bomba colocada por espías alemanes? ¿Una explosión de gas? Segundos más tarde, se oye un doble estallido: es el estampido sónico, que llega con retraso, el ruido provocado por el arma destructora al romper la barrera del sonido. El primer misil balístico de la historia ha hecho su debut. Se trata de la V- 2. Durante muchos años, su creador, el alemán Wernher von Braun, le debería a este arma su prestigio y fama mundial. Wernher Magnus Maximilian von Braun nació el 23 de marzo de 1912 en Wirsitz, Prusia, hoy al otro lado de la frontera polaca. Su padre era el barón Magnus Alexander Maximilian von Braun, y su madre, la baronesa Emma von Braun (de soltera, von Quistorp) Wernher era el mediano de tres hermanos, Sigismund, un año mayor, y Magnus, siete más pequeño. El entorno en el que creció nuestro protagonista en sus primeros L Título: Wernher von Braun. Entre el águila y la esvástica Autor: Javier Casado Editorial: Melusina Páginas: 432 Precio: 22,90 Euros Fecha de publicación: 2 de Febrero. 2009 años fue el de la pequeña aristocracia alemana. Casas señoriales atendidas por una extensa servidumbre, tierras trabajadas por campesinos al servicio del barón, y un entorno refinado, cultural y de buenas maneras. Pero hasta entonces, el joven von Braun parecía inclinado hacia un futuro en el mundo de la música. Fue con motivo de su confirmación religiosa, a los quince años, cuando sucedió algo que reorientaría su vida. Como regalo para la ocasión, no recibió el habitual reloj y los primeros pantalones largos que les esperaban a sus compañeros luteranos; por el contrario, su madre, que como dijimos tenía la astronomía entre sus aficiones, le regaló un telescopio. Así, nuestro protagonista comenzó a introducirse en el apasionante mundo de la observación estelar y planetaria. Combinado con los aires que corrían en la época, cuando los primeros relatos de ciencia ficción que trataban de viajes interplanetarios comenzaban a aparecer, el telescopio sería la chispa que haría nacer en Wernher su pasión por el espacio. A los quince años y tras leer alguno de esos relatos, al joven se le empezó a quedar corto contemplar con su aparato la Luna y las estrellas. ¡Había que ir hasta allí, eso era lo verdaderamente emocionante! La idea del viaje espacial prendió ya en él en esa etapa tan temprana de su vida. Ese mismo año, iniciándose en los secretos de la astronomía, cayó en sus manos un panfleto en el que se veía un cohete rumbo hacia la Luna. Era un artículo escrito por el profesor Hermann Oberth, un joven físico de treinta años de origen transilvano que impartía clases en Javier Casado Ingeniero Aeronáutico. Autor de Historia y tecnología de la exploración espacial Con motivo de su confirmación religiosa, a los quince años, sucedió algo que reorientaría su vida: su madre, que tenía la astronomía entre sus aficiones, le regaló un telescopio Se sumergió en el estudio de las matemáticas y la física, y a los 16 años fue elegido para sustituir a un profesor enfermo. Al final, su clase tuvo las notas más altas del colegio Rumanía. Atrapado por las ideas expuestas en aquel artículo, Wernher se apresuraría a comprar su libro, el hoy clásico Die Rakete zu den Planetenräumen El cohete hacia el espacio interplanetario tan sólo para quedar rápidamente desconsolado al ver su contenido: el libro estaba lleno de ecuaciones matemáticas, que el joven aficionado se veía incapaz de comprender. Otro quizás hubiese olvidado el libro y se hubiera dedicado a leer ciencia ficción y a mirar por su telescopio, pero no Wernher von Braun. Si para introducirse en el mundo de los cohetes y del viaje espacial tenía que convertirse en un experto en matemáticas, lo haría, a pesar de ser una asignatura que nunca le había gustado. En el colegio, se sumergió de forma casi compulsiva en el estudio de las matemáticas y la física, y a los dieciséis años incluso fue elegido por la dirección del colegio para sustituir a un profesor de matemáticas enfermo. Esta petición supuso para él un reto pero, actuando en su línea, ello no hizo sino impulsarle hacia delante: decidido a que sus alumnos no fallaran en su asignatura, voluntariamente comenzó a dar clases particulares a los menos aventajados. Al final del curso, su clase consiguió las notas más altas de todo el colegio. Wernher ya apuntaba maneras en cuanto a liderazgo y capacidad de persuasión. Sus prácticas como profesor suplente de matemáticas quizás fueron la primera prueba de su aptitud para dirigir equipos, pero en lo segundo también haría sus pinitos cuando logró convencer al director para que comprase un telescopio de 125 milímetros para el colegio, al sentir que el suyo se le quedaba corto. Desde que Hitler asignara al proyecto la máxima prioridad, no habían cesado los trabajos de los técnicos por poner a punto un ingenio que, aunque era capaz de elevarse hasta el cielo, aún no podía considerarse operativo para un conflicto bélico. Mientras se preparaban las líneas de producción y las fábricas subterráneas de Mittelwerk, von Braun y sus hombres seguían trabajando para que el arma pudiese realmente utilizarse con