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8- 9 D 7 LOS DOMINGOS DE IN MEMORIAM Inger Christiansen Matemática mirada del ámbar Matemática, sabia, pero candorosa, gran dama de la literatura danesa contemporánea, si no la reina de su poesía, murió a la vuelta del año en el que hubiera cumplido los setenta y cuatro POR EDUARDO CHAMORRO ra como una sirena antierótica y zumbona: las facciones suspendidas al otro lado del ojo de buey si uno viajaba en un submarino amarillo. Tenía una mirada húmeda, líquida o simplemente acuosa que navegaba sobre el petrificado oleaje de unos ojeras prolongadas y cálidas como las costas de un trópico. Era, sin embargo, experta en los hielos del Ártico y del martín pescador y en las corrientes árticas, en los osos polares y en sus pieles Si bien esa era su pericia más secundaria, el desván donde se alineaban las vastas galerías de sus recursos, de sus naturalezas. Esa era, también, la fuente de su ingenuidad y de un candor en suntuoso contraste con la mayor de sus sabidurías. Era matemática de un modo tan natural como lo es la dicción en el poeta. Porque de ahí su poética. La razón numérica explicó una y mil veces, se da en la naturaleza según las series que rigen las anatomías envolventes del puerro desde su interior o la del girasol en su corola Wittgenstein y Gödel se lo habrían pasado muy bien con ella. El primero habría encontrado en sus poemas una explicación al desarrollo de las emociones en el granito de los acantilados. El segundo hubiera podido resolver con los versos de esta dama algunos de los problemas que le planteaba lo incompleto de las matemáticas. la hija cuando dio en buscar simetrías y pautas en las rimas populares. Nadie con tanta escasez de medios alcanzó una poesía de tan alta elaboración y tan prolongado experimento. Y nadie calentó como ella la ardua frialdad de los conceptos cuando se mueven por semejantes senderos. La suya es una poética cálida porque nunca perdió de vista la tragedia. Para Inger Christensen la poesía se organizaba mediante arquitecturas situadas más allá o más acá de la verdad o de cualquier ilusión de lo que pudiera ser verdad. La poesía es un juego que puede llegar a ser trágico, y alcanzar ese punto de la tragedia en el que intentamos jugar con el mundo al igual que el mundo juega con nosotros La vida siempre tuvo para ella la frágil fortaleza de un soneto. Una debilidad tan acuciante como para buscar lo que de invulnerable pudieran ofrecer las matemáticas a la poesía. Sus primeros libros, Luz, de 1962, y Hierba, de 1963, investigan la percepción de escenarios contradictorios. Su siguientes pasos la llevaron al estudio de la eternidad y de la perspectiva, de modo que no solo se lo habrían pasado muy bien con ella Wittgenstein y Gódel; tam- bién Maurits Cornelis Escher se habría entretenido consultándola sus hallazgos de ida y vuelta y esos bucles de Möbius cuyas cintas permiten pasar del interior al exterior, y viceversa, sin abandonar el plano. La Máquina de la Eternidad fue el título de su primera novela, a la que siguió una cuidadosa obra maestra sobre la perspectiva como sesgo y matiz de las relaciones humanas puestas alrededor del pintor Andrea Mantegna en su Habitación Pintada Luego emprendió una indagación de esos animales repetitivos, universales y efímeros que son las mariposas, reducidas a un par de puntos rojos cuando son sorprendidas por la noche, colgadas del aire al otro lado de la llama en la vela. En 1991, cuando publicó El Valle de las Mariposas, la crítica la consideró como su obra maestra. Pero había una dilatada maestría previa, resuelta en el conflicto de un existencialismo lírico descrito en Det, y la sublimación de sus rencores en un poema tan majestuoso como Alfabeto, en el que la secuencia de la letra A como inicio universal de las cosas, a la N, como abreviatura del número universal, se trenza sobre la llamada serie numérica de Fibonacci, para construir un tapiz de los seres y las cosas, un retrato universal de los universos probables e improbables ante el que la alianza entre Swedenborg y Borges se declaró absolutamente en huelga. El Valle de las Mariposas E La vida tuvo para ella la frágil fortaleza de un soneto. Una debilidad tan acuciante como para buscar lo que de invulnerable pudieran ofrecer las matemáticas a la poesía El filósofo de la lógica Ludwig Wittgenstein habría encontrado en sus poemas una explicación al desarrollo de las emociones en el granito de los acantilados Nórdica experimental Era una mujer experimental. Tan experimental como lo suelen ser las nórdicas. Pipi CalzasLargas, por ejemplo. O Greta Garbo. O las mujeres de la corte del rey Hamlet, en Dinamarca. Inger Christensen nació el 16 de enero de 1935 en Vejle, Jutlandia, sobre la costa oriental de Dinamarca, en una época de economía sumamente penosa. Su padre era un sastre de pescadores con tan escasas ganancias como para que su familia no se entretuviera con otra cosa que el canto. Pero las tijeras de un sastre son diestras averiguando proporción en el borde de los patrones, y eso le fue muy útil a Inger Christensen basaba sus poemas y relatos en estructuras matemáticas sistematizadas AP