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11 1 09 EN PORTADA Un grupo de palestinos hace cola ante una panadería de Gaza el pasado miércoles ALI ALI EFE Gaza Los que pierden todas las guerras (Viene de la página anterior) de la ONU para los Refugiados Palestinos. Israel no permitió durante tres días y medio el acceso de un equipo de rescate, mientras las mujeres se desangraban en un cobertizo de la casa vacía de víveres en jornadas infinitas sin electricidad. Cuando alguien intentaba salir al patio en busca de agua, el Ejército les disparaba. En aquellos días aún conseguía el pequeño milagro de hacer funcionar su móvil cargándolo con un generador fabricado a partir de una moto. Después ya no hubo forma. En Zeitun, los que no han huido a escuelas de la ONU- -también bombardeas- -están escondidos en garajes y en remotas habitaciones de edificios que corren el riesgo de no enterarse del fin de esta guerra. Como en la película Underground de Emir Kusturika. Con Gaza cerrada como una jaula sólo se accede a lo que sucede a través de retales de realidad. Historias inacabadas que se interrumpen cuando se corta el teléfono. Israel advirtió esta semana de que las líneas están a punto de colapsarse, y desde entonces ninguna conexión aguanta más de unos minutos. No sabemos qué ha sido de la familia El Aiedy. En su defecto, valga el esclarecedor testimonio de un ciudadano anónimo de Zeitun a un diario israelí: Mantengo a los niños alejados de las ventanas porque los F- 16 están ahí, nos bombardean desde el mar y desde el este, desde el aire. Mi esposa llora todo el tiempo. Por la noche se abraza a los niños y llora. Hace frío y las ventanas están abiertas; hay fuego y humo en los espacios abiertos: en casa no hay agua, ni electricidad ni gas. Y vosotros decís que no hay crisis humanitaria en Gaza. Dime, ¿sois normales? SAFWAT A. KAHLUT Periodista Vamos a empezar a pasar hambre en serio Cada vez cuesta más hablar con Safwat por teléfono. El rato que en su casa hay suministro eléctrico no da de sí ni para cargar la batería del móvil, único cordón umbilical que le mantiene unido al mundo y a su forma de ganarse la vida como corresponsal ocasional para medios italianos. Para él, paradójicamente, esta guerra que amenaza con consumir a su familia, estamos moralmente destruidos, dice es temporada alta de noticias, pero de nada sirve, porque sin luz las informaciones no llegan a su destino. Y entonces no se cobra. Mi esposa llora todo el tiempo. Por la noche se abraza a los niños y llora. Hace frío y las ventanas están abiertas; hay fuego y humo en los espacios abiertos: en casa no hay agua, ni electricidad ni gas En casa, hasta hace poco, eran seis: los cuatro niños y el matrimonio, aunque su esposa espera un bebé para esta misma semana, con la angustia de saber que no hay anestesia en el hospital para su cesárea. Lo van a pasar mal. Una guerra no es el mejor momento para traer a Gaza a un pequeño al que ni siquiera podrán bañar, porque apenas llega a sus casas un hilo de agua sucia. Y sólo a veces. Van acumulando litros que recogen en botellas de coca- cola cuando la fuente de la calle funciona, pero no habrá forma de calentarla. Desde que Israel convirtió el vecino campo de refugiados de Jabalya en el escenario de un infierno de fuego, en casa de Safwat ha aumentado el número de inquilinos. Su tío, ingeniero, y su tía se han refugiado con ellos. Huyeron desde su barrio con lo puesto cuando el sábado 3 de diciembre, de repente vino la luz, encendieron la tele y oyeron cómo una voz del Ejército judío les exigía a través del canal de Hamás, AlAqsa TV que evacuaran el barrio porque iba a ser bombardeado. Cuando se marcharon, llevaban 48 horas sin dormir por las bombas, que hacían temblar el suelo... como en Afganistán relata Safwat. Ahora nuestro problema es gigantesco, no tenemos nada... vamos a empezar a pasar hambre en serio reconoce este padre de familia, un hombre optimista y capaz, al que nunca hasta ahora le faltaron los recursos para sacar adelante a los suyos.