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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE AP traído de contrabando de Egipto. Sabe que, de los 48 españoles que residen en la Franja, ninguno excepto ellos quiere marcharse. A mí no me importa mi casa, que la destruyan cuando yo me haya ido, me importa la vida de mi hijo reclama en el vacío. tos días entre las cuatro paredes de un quirófano. Hombre bueno, de un humor inquebrantable, podría haber elegido irse de Gaza con su familia y tener una confortable vida en España, porque su hija mayor nació en Málaga mientras él completaba su formación universitaria. Cuando se le pregunta, da a entender que no se va por sus mayores, que viven en el piso de al lado, porque nadie le garantiza que pueda volver a entrar a la Franja. También se sobreentiende que lo que de verdad le ata a esta tierra palestina en la que nació es un compromiso callado con sus vecinos y las ganas de ayudar a que Gaza salga algún día adelante, aun a costa de su sacrificio personal y familiar. Nunca dramatiza. Conmueve escuchar la serenidad con la que cuenta por teléfono que los suyos lo están pasando mal, pero que peor lo pasan en el hospital donde- -afirma- estamos mandando a casa a cualquier enfermo que se pueda mover para dejar la cama al siguiente No hay anestesia, no hay plasma, no hay vendas. Usama trabaja el triple que en días normales. Por sus manos pasan desahuciados que no siempre es posible rescatar. Pero ha decidido que esta guerra no le va a arrastrar al abismo. No sobra gente hecha de su material, del de su familia que, en mayo de 2007, se salvó al completo de una muerte casi segura cuando, en mitad de los enésimos enfrentamientos entre Hamás y Fatah, un avión israelí tiró una bomba de una tonelada sobre el cuartel de la Policía islamista que estaba a metros de su casa. Los cristales reventaron en mil cuchillas letales. Era mediodía, la suerte fue que estaban en la cocina interior haciendo la comida. Esto ha sido un regalo envenenado de Navidad, lo último es que Israel ha atacado las casas de cambio para dejarnos sin dinero, y esta misma mañana han bombardeado una granja de pollos para dejarnos sin comida... ¡Pollos! ¿Qué culpa tendrán los pollos? bromea Usama. Y así se anima a aguantar, a que aguantemos todos. en éxodos multitudinarios en cuanto aparece el ejército israelí porque saben que viene una tormenta de fuego. Y cuando no, que los soldados se emplearán en destruir casas vacías y ocupar otras para utilizarlas como base. Pernoctan en ellas para estar cerca de sus lugares de operaciones. Y cuando la abandonan, lo habitual es que ultrajen y destrocen las viviendas. La práctica viene de los años de la primera Intifada. Por eso Mansour se negó a huir. Es soltero. Ayudó a escapar a 22 miembros de su familia- -sus hermanos, hermanas y sobrinos, entre ellos 10 niños menores de doce años- se ocupó de que fueran realojados lo más lejos posible. Y él se encerró en la vivienda. No voy a abandonar mi casa. Si me marcho y la destruyen, ¿a dónde vamos a volver? Me han robado lo poco de bueno que había en nuestras vidas y no abandonaré mi hogar... insistía tozudo desde el principio. En las dos semanas que van de combate, él y los suyos viven como sonámbulos un denigrante ir y venir, obligados por el miedo y el afán de resistencia. Cada mañana, los parientes regresan con la esperanza de que sigan la casa en pie y Mansour, su guardián vivo. Juntos pasan el día sin electricidad, sin comida, sin nada que hacer... sin poder tener nada que se parezca a una vida normal, solo pensando dónde van a ir mis familiares a pasar la siguiente noche y tratando de sobrevivir A la caída del sol, los hermanos y los niños vuelven a marcharse, con el alba regresan, con el atardecer escapan otra vez, vienen, se van... en un círculo de locos. Cuando parecía que nada podía ir peor, el pasado miércoles Israel lanzó con sus aviones octavillas con amenazas de arrasar. Debido a que Hamás utiliza vuestras casas para ocultar y obtener armas militares de contrabando, las Fuerzas Armadas van a atacar el área desde la frontera con Egipto hasta la carretera de la playa advertían los panfletos en árabe. Por primera vez en esta guerra de castigo y de ira, Mansour fue arrastrado por los suyos para marcharse también. Israel cumplió y pulverizó barrios aquí y allá, sesenta objetivos en el argot de su Ejército. Por la mañana, la vivienda seguía en pie. De momento. HUSEIN EL AIEDY Empleado de Naciones Unidas Nos curábamos las heridas con agua y sal Husein es vecino de Zeitun, donde la Cruz Roja recogió el miércoles a cuatro niños tan débiles que apenas podían ponerse en pie, abandonados junto a sus madres muertas. La organización debió esperar cuatro días el permiso para entrar al triturado entramado urbano de ese enclave, donde se libran los combates más encarnizados. Antes de que trascendiera aquel suceso, Husein ya había vivido en carne propia esa angustia cósmica de esperar en vano una ambulancia cuando en casa su madre y su tía, ambas octogenarias, su hijo de 14 años y su sobrina de 13 fueron alcanzados por una explosión. Un proyectil reventó la habitación donde se habían refugiado los 21 miembros de su familia. Han intentado curarse con agua y sal, pero las heridas se han infectado de todas formas relataba Husein, de 58 años y empleado de la Agencia (Pasa a la página siguiente) USAMA SAID AKLOUK Neurocirujano Mandamos a casa a los heridos que se pueden mover para dejar la cama al siguiente El primer día de la guerra, el día de los 205 muertos, Usama operó a 45 heridos en el Hospital de Shifa, la institución sanitaria más importante de la Franja, donde parecía difícil que pudiera vivirse algo peor a la avalancha de sangre chorreando por el vestíbulo que el pasado 1 de marzo dejaron los heridos de la operación Invierno caliente Pero Israel lo consiguió. La vida de Usama se encierra es- AHMED MANSOUR Estudiante Pasamos el día pensando dónde va a dormir mi familia y tratando de sobrevivir La guerra obliga cada día a Ahmed Mansour a elegir entre jugarse la vida o proteger su casa. Nada más comenzar los bombardeos israelíes, la noche del domingo 28 de diciembre, la Media Luna Roja evacuó el campo de refugiados donde vive, Yibna, en el sur de la Franja, ante la amenaza de un ataque inminente de la aviación. Los palestinos se desesperan Sanitarios palestinos llevan a un niño herido al hospital de Shifa AP