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11 1 09 EN PORTADA Los presos escapan de la cárcel de Gaza, reducida a escombros por un misil israelí Gaza Los que pierden todas las guerras POR LAURA LÓPEZ CARO ERETZ. FRONTERA ISRAEL- GAZA o tenemos sus fotos porque Israel no nos deja entrar en Gaza. No pueden enviarlas porque no hay luz. No hay forma de hacer seguimiento de sus realidades quebradas porque los teléfonos cada vez se cortan con más frecuencia. Cuando sus palabras se impriman, quién sabe si seguirán vivos. Son palestinos de Gaza. N MARÍA VELASCO Enfermera Que destruyan mi casa cuando me vaya, a mi me importa la vida de mi hijo La guerra de Gaza ha dado un giro de 180 grados a la realidad de la sevillana María Velasco y su familia: antes, esta mujer, casada con un dirigente del Frente Democráti- co para la Liberación de Palestina, vivía en Abasan porque quería. A pesar de las carencias, hace doce años había elegido tener su casa en este enclave agrícola cercano a Jan Yunes, en el sur, y ver crecer a su pequeño Nizar de dos años mientras su hija Halima, de 24, seguía sus estudios. Pero ahora la franja se ha convertido para ella en una prisión insufrible, porque lucha por salir de ella cuanto antes y no puede. Intuyendo la que se avecinaba, María empezó a gestionar los permisos de los tres para viajar a España el 1 de diciembre. Los primeros bombazos que convirtieron su mundo en una pesadilla se iniciaron el día 27 del mismo mes, y cuando Israel permitió por única vez la salida de extranjeros de Gaza, el 2 de enero, sus papeles no estaban listos. Según el consulado español en Jerusalén, simplemente el Gobierno judío no había aprobado a tiempo la coordinación del viaje de esta familia, o lo que es lo mismo, no había dado autorización para sacarles de la Franja y desplazarles en un coche diplomático hasta la frontera jordana, sin pisar nunca suelo israelí. Porque, para Israel, por más que María y sus hijos tengan pasaporte español, ellos son palestinos. Y eso significa que no pueden utilizar el aeropuerto de Tel Aviv, ni tratar de abandonar por su cuenta el Estado hebreo. Aquel 2 de enero se quedaron con las maletas hechas, y el sábado 3 los tanques judíos hacían su entrada en Gaza. Era el infierno. Desde entonces, el Consulado ha intentado evacuarles tres veces. María ha pagado fortunas para que les llevaran hasta la frontera de Erez bajo los bombardeos, pero o las barricadas les han impedido llegar, o al final no les han abierto. La desesperación se convierte en ira cuando María habla de los diplomáticos españoles. ¿Qué estaban haciendo mientras todas las Embajadas arreglaban la salida de Gaza de sus ciudadanos? Ni se habían enterado En su despensa sólo hay mortadela y queso