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D 7 4 1 09 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Guadalupe POR: MANUEL M. CASCANTE les llegados desde la metrópoli. Igual que en el manto del indio Juan Diego Cuauhtlatoatzin, la imagen de la Guadalupana se reproduce hoy en camisetas, bolsas de la compra y en miles de pequeños e improvisados santuarios que se multiplican por todo el país: en una curva de la carretera, en los mercados, en las paradas de taxis... hasta un cargamento de marihuana había sido escondido en cuadros de la Virgen y decomisado por la policía del estado de Nuevo León. No es casualidad que la Madre de Dios se le apareciera a San Juan Diego en el cerro del Tepeyac, donde los nativos rendían culto a la dio- Sobre vírgenes y tumbas Si a la guadalupana se la reproduce en camisetas y bolsas de la compra, a la muerte no la prodigan menos: vive hasta en figuras de azúcar e dice que México no es un país católico, sino guadalupano. Y, como cada año, el pasado 12 de diciembre más de cinco millones de peregrinos se encargaron de confirmar ese fervor mariano en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, cantándole a la Virgen Las mañanitas al punto de la medianoche. Virgen guerrera, la preferida de indígenas y criollos, se convirtió en estandarte de la Independencia- -Hidalgo, cura trabucaire, la enarboló al proferir el grito de Dolores contra los gachupines -frente a la de los Remedios, favorita de los colonos españo- S sa Cihuacóatl, llamada también Tonantzin, que, según Fray Bernardino de Sahagún, significa nuestra madre Así, los indígenas conversos sólo tuvieron que cambiar de nombre a la deidad para continuar con su culto, del mismo modo que los evangelizadores construyeron los santuarios católicos sobre los antiguos templos paganos. Incluso, se asegura que algunos avispados albañiles de la época se las ingeniaron para esconder ídolos prehispánicos en los altares mayores de las nuevas y florecientes iglesias y catedrales. El sincretismo religioso no es en México un hecho oculto y marginal, sino una realidad visible y cotidiana. Aunque en ningún sitio de manera tan marcada como en San Juan Chamula, en Chiapas, donde la colectividad tzotzil perpetúa ancestrales ritos entre cirios y pinocha, donde el ajaw (rey) ha sido sustituido por San Juan y por otros santos de los que cuelgan espejos para reflejar el mal No falta en esas ceremonias- -que no está permitido fotografiar- -la sangre de algún animal doméstico. El pox, un aguardiente de maíz que hizo estragos entre la población, ha ido sustituyéndose por más prosaicas bebidas carbonatadas. Esa convivencia de cultos se manifiesta también en la particular relación de los mexicanos con la muerte, que la consideran desde tiempos precolombinos una alegoría de la vida, frente al tenebrismo y temor con que la enfrenta la fe católica tradicional. Así, al nacer el mes noviembre, el Día de Muertos es una celebración en la que se canta y se baila con los que regresan del Mictlán, del más allá. Los cementerios se visten de colores, se plantan flores de cempasúchil, se quema copal en los incensarios, se erigen altares de muertos en memoria de los fallecidos (con velas y objetos que daban placer en vida a la persona desaparecida) a los niños se les regalan calaveritas de azúcar... Aquí, los muertos nunca dejan de ser: sólo dejan de estar. El espejo del mal Cientos de fieles se concentran ante la basílica de Gualupe llevando imágenes de la Virgen PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7