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24- 25 D 7 LOS DOMINGOS DE Un grupo de danzantes baila sega en la playa de Isla Plana, al norte de Mauricio (foto de la izquierda) Arriba, mauricianos calientan la piel de los ravanes entrada ya la noche al este de la isla: la antigua danza de los esclavos va a empezar en esta isla de progenitores oriundos (padre británico y madre francesa) y que ha sido un nómada trasterrado e incomprendido en la Grandeur Francaise? Por cierto, ahora que ha sido laureado le quieren en la isla- -antes no sabían ni que existía- -y ya ha sido invitado por las autoridades. Porque aquí son tolerantes, pero no bobos, como su famoso y legendario pájaro dodo. Desde luego, si volviera otro ilustre- -en su caso no sería oportunismo, sería milagro- -como Darwin, que pasó una semana y media de 1836 en Mauricio, cuando hizo un alto en su travesía de cinco años a bordo del Beagle tras la cual elaboró su famosa teoría de la evolución de las especies, se encontraría con caras que son un rompecabezas genético inacabable. El mismo ministro de Turismo, Xavier Luc Duval, comentó a D 7 mientras alzaba una copa de champán francés a la orilla del mar: Por mis venas corre sangre india, africana, francesa... Soy cristiano. Y claro que hay competitividad entre las diferentes etnias y religiones, pero no enfrentamiento ni necesidad de imponer lo que pensamos o sentimos unos sobre lo que piensan y sienten los otros. El respeto fragua la convivencia. ¿Alianza de Civilizaciones de Zapatero, dice usted? Perdone, pero ¿y eso qué es? Porque aquí sobran las pala- Xavier Duval, ministro de Turismo de Mauricio (dcha) un ejemplo de mestizaje como estas dos generaciones de mujeres mauricianas (arriba) bras: si alguien quiere empaparse de tolerancia que se zambulla en el festival criollo que cada primeros de diciembre saca la esencia de todo mauriciano, dispara el ritmo de los ravanes (tambores) maravanes y triángulos, y hace contornearse sobre las arenas níveas, descalzos, mientras arrastran los pies y cimbrean las caderas, cuerpos tostados por el sol y la raza. Hoy este baile, de gran carga erótica, es un grito de libertad, aunque el sega, así se llama, sea de tradición esclavista, originariamente una danza mozambiqueña, a la que cada grupo étnico de la isla ha aportado su estilo propio. Estos días es raro no encontrar en algún rincón de la isla un evento local, auténtico, donde las faldas abanican la tenue brisa africana haciendo remolinos multicolores y del que se puede formar parte sólo con sumarse a la fiesta. Basta la famosa sonrisa (Por algo Joseph Conrad, al que también encandiló Mauricio. tituló La sonrisa de la fortuna uno de sus cuentos que desarrolla allí) El escenario tampoco desmerece la miscelánea. Con sólo darse una vuelta por su famoso jardín botánico de Pamplemousses (lo de menos son los pomelos, que Dios sabe que busqué y no hallé) hasta el menos perspicaz se da cuenta de que algo raro ocurre: palmeras erizo, palmeras cocodrilo, palmeras botella, palmeras del vino, árbol de las salchichas, árbol de la sangre, el árbol estrangulado, la planta del currypollo y otra especie fascinante de la familia de las palmas, que la guía amablemente tradujo como tallipot que a los 60 años de vida florece para empezar a morir. Nenúfares gigantes, cuyos pétalos blancos durante el día se tornan rosados al anochecer, o ramos de Anthurium que más que una flor es ya un souvenir de Mauricio, merecen pausa y atención. Exactamente la misma con que las miran, o eso parece, esas tortugas gigantes, con un par de cientos de años sobre sus conchas, que habitan en el mismo parque. En sus inmediaciones, y en el interior de la Iglesia de San Francisco, la más antigua de la isla, está enterrada Emmeline de Carcenac, la dama criolla a la que Charles Baudelaire dedica el poema con el que arrancan estas líneas y a la que conoció durante su accidentada estancia en la isla, a la que arribó tras una tempestad que acabó con la nave que debía de llevarle a Calcuta. Un ejemplo de que el destino también juega buenas pasadas. Otro apunte: las mezclas de olores. Por ejemplo, en el imponente hotel Paradis de la península de Le Morne- -su directora de relaciones públicas se llama Amabile (Pasa a la página siguiente)