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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE LO PENSARÉ MAÑANA Los buenos propósitos POR E. RODRÍQUEZ MARCHANTE N O se puede empezar el año sin una lista de buenos propósitos. Hasta hace muy poco tiempo, esa lista era un previsto inventario hecho a toda prisa entre la noche del 31 de diciembre y sus terribles secuelas en los dos o tres días siguientes. No se precisaba siquiera ni un poquito de imaginación: dejar de fumar, beber sólo agua, hacer algo de deporte, entrar al trapo de las verduras... Luego llegaba la Noche de Reyes y se emprendía un desesperado Plan B para el asunto de los buenos propósitos, ya algo más pegado a la perso- nalidad de cada uno: fumar sólo en momentos puntuales (o sea, cada cuarto de hora, en punto) beber únicamente en las ocasiones (es decir, sólo en locales garantizados) el deporte verlo en la tele y nunca comer la carne roja sin algo de verde alrededor... Eran otros tiempos. Ahora, eso no sirve: no se puede esgrimir como buen propósito para el nuevo año lo de dejar de fumar por la sencilla razón de que casi todo el mundo es ya ex fumador, y los pocos fumadores que aún aguantan la presión social se consideran a sí mismos como indios escapados de la reserva y no están dispuestos, así como así, a abandonar ese atractivo papel por un supuesto buen propósito. En cuanto a lo de dejar de beber... ¿dejar de beber, qué? ¿bebidas isotónicas, que es lo que se lleva? ¿Hacer algo de deporte? Pero, si ahora todo el mundo dedica el magro de su tiempo a cosas mucho más saludables y modernas que el simplón deporte o la sencilla gimnasia, y de cuya práctica lo más difícil es aprenderse el nombre: fitness, step, batuka, traning, pilates, aerobic... ¿Y quién puede anunciar como gran propósito un mayor interés por la verdura si ahora lo normal es ser miembro del club de amigos del tallo? Hay tal compulsión en ese terreno de las verduras y frutas, que va uno a una frutería y se le queda la misma cara que si fuera al Museo de Ciencias Naturales, tan lleno de especies ignotas, de colores y sabores nuevos, de rarezas y extrañezas: ¿y de esto, qué es lo que se come, lo oscuro y blando de fuera o lo rugoso y verdoso de dentro... No hay otro gran propósito en ese terreno de las frutas y verduras que uno pueda hacerse para este año, que el de probar todas las que hay en la tienda de la esquina, y que sea lo que Dios quiera. En resumen, una de las mayores dificultades que tiene últimamente el ciudadano moderno durante el tránsito de un año viejo a otro nuevo es el encontrar buenos propósitos que no cumplir. Porque los de verdad, como vemos, no sirven (ya están cumplidos) y los otros, los de boquilla- -esos de ser bueno, ser ordenado, ser comprensivo, ser tolerante... en fin, lo de cambiar en esencia- no es fácil admitirlos públicamente: soy un cerdo, pero quiero dejar de serlo Total, que lo mejor es volver a fumar para tener un buen propósito para no cumplir. TIRA Y AFLOJA Por César Oroz NO SIEMPRE ES DOMINGO Cuando Voltaire era Dante POR XAVIER PERICAY l pasado 9 de octubre se cumplieron 30 años de la muerte de Jacques Brel. Uno de los grandes de la chanson Y el más grande, sin duda, en el escenario. Parece mentira que un intérprete tan teatral, tan desmesurado, tan extraordinario, en una palabra, no diera una a derechas- -o casi- -como actor cinematográfico. Pero así fue. Por suerte, quedan sus canciones. Y sus actuaciones. Quienes jamás tuvimos la ocasión de verle en directo, podemos ahora recrearnos con las grabaciones en DVD de E sus conciertos. Están los míticos del Olympia. Pero también un sinfín de pequeños recitales en clubs de Bruselas, de París o de algún rincón de Francia o de Bélgica. Son los mejores. Serge Reggiani, otro de los grandes, dejó escrito en sus memorias que Brel se descomponía literalmente cuando tenía que salir a las tablas. Le trac -el pánico- Al parecer, no paraba de vomitar. De ahí, tal vez, ese rostro sudoroso, desencajado, macilento, con que aparece casi siempre en el escenario. En 1964 Brel ofreció uno de esos recitales intimísimos, de pequeño formato. Aunque en los vídeos colgados en You Tube no consta el lugar del concierto, lo más probable es que fuera en algún local de la Bélgica flamenca- -quizá en la propia Bruselas- Así lo da a entender, al menos, la presencia en la pantalla de unos subtítulos con la traducción al neerlandés de las canciones. Les bourgeois es una de ellas, una de las inolvidables. Habla de tres amigos, Jojo, Pierre y el propio Brel, cuya principal afición, a los veinte años, era mostrarles el culo a unos notarios mientras les cantaban: Les bourgeois c est comme les cochons plus ça devient vieux plus ça devient bête etc. etc. Jojo, dice la letra, se creía Voltaire; Pierre, Casanova; y Brel, que era el más orgulloso, se creía... Brel. Eso dice la letra, en efecto. La que uno oye. Porque la otra, la que figura sobreimpresa en la pantalla, no dice exactamen- te lo mismo. Sí en cuanto a Pierre y al propio Brel. Jojo, en cambio, se convierte en Klaas. Y Voltaire, ese que Jojo cree ser, se convierte en Dante. ¿Por qué? Cosas del nacionalismo, claro. Lo llaman adaptación al entorno. De ahí el Klaas. Y, a falta de algún referente local en el orden del pensamiento, de ahí el Dante, que, aunque no equivale al Voltaire original, al menos da el pego y, junto al Casanova, permite construir un entorno nada francés. Y es que de eso se trata, al cabo, de falsear los hechos. La anécdota tiene casi medio siglo. Es de cuando Bélgica todavía era Bélgica. E ilustra la mar de bien lo que le puede ocurrir a un país si se relaja. O, lo que es lo mismo, si prefiere mirar para otro lado antes que afrontar, con todas las consecuencias, la realidad.