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4 1 09 CULTURA POPULAR BIBLIOTECA NUEVA Monnet, inspirador de Europa Afirma Julio Crespo en Forjadores de Europa que tres grandes ideas convulsionaron el continente en el siglo XX: el comunismo, el fascismo y el europeísmo. Las dos primeras, por fortuna, fracasaron. A la tercera le debemos buena parte de nuestro bienestar. En su libro Crespo traza el retrato de los hombres que lo hicieron posible, empezando por Jean Monnet, el enigmático precursor ocos personajes han sido tan influyentes en el siglo XX como Jean Monnet quien ha sido merecidamente descrito como el padre fundador de la Comunidad Europea. Si bien a juzgar por la trascendencia de su obra Jean Monnet merece un lugar entre los grandes estadistas del siglo, su nombre no es muy conocido entre el gran público; es uno de los personajes más enigmáticos del siglo y sus logros resultan milagrosos: hacer que la idea de la Europa unida comience a hacerse realidad, lograr que un continente dividido por viejas rivalidades y aniquilado por dos guerras mundiales comenzara a transformarse en un ente en el cual las personas, los productos y los capitales podían moverse libremente y aportar soluciones europeas a problemas europeos. John F. Kennedy comentó que por medio de una idea constructiva Jean Monnet había hecho más para unificar Europa en veinte años que todos los conquistadores en mil. Esta fue su obra, ni más ni menos. Tamaña obra sólo podía ser producto de un hombre muy especial, que fuera capaz de ver más allá de los límites de una profesión, una ideología o una nación y se sintiera libre de compromisos y de ataduras para hacer realidad sus sueños, y ese fue precisamente Monnet. En una ocasión dijo que nunca tuvo un puesto de trabajo que no hubiera sido inventado por él mismo. Tampoco era fácil definir su profesión; en una entrevista para una revista americana, el entrevistador frustrado por no poder encasillarle en una profesión específica optó por el simple pero muy preciso titular de Mr. Jean Monnet of Cognac Hombre de negocios, diplomático, economista, alto funcionario y político; Monnet fue todas estas profesiones a la vez pero la obra de su vida fue demasiado compleja como para limitarse a una de ellas: fue un hombre de negocios de éxito, tuvo más experiencia internacional que muchos diplomáticos, fue un gran teórico de la economía a pesar de ni siquiera tener estudios superiores, cumplió sus misiones con la diligencia de un alto funcionario y reunía todas las dotes del gran político a pesar de que nunca perteneció a nin- P Título: Forjadores de Europa. Grandes europeístas y euroescépticos del siglo XX Autor: Julio Crespo MacLennan Editorial: Destino Páginas: 502 Precio: 23 Euros Fecha de publicación: 8 de enero gún partido. Fue también un ciudadano francés que sirvió al gobierno británico y al americano. Así de original fue la personalidad del que puso en marcha la Comunidad Europea. Monnet hasta la Segunda Guerra Mundial era un talento que aún no había encontrado su misión ni su vocación. Sin embargo a pesar de que a veces daba la impresión de navegar sin rumbo, estaba acumulando mucho capital para la misión con la que iba a pasar a la historia. Su impresionante agenda de contactos hecha antes de la Segunda Guerra Mundial iba a ayudarle mucho en el futuro. De él se dijo que tenía una agenda de contactos en América incluso mejor que la de Churchill. Desde el momento en que corrieron vientos de guerra en Europa, Monnet supo cómo hacerse indispensable; estuvo entre esa minoría tan selecta como ignorada de personas que no dudaron de que la llegada de los Nazis al poder provocaría una nueva guerra. Comenzó a maquinar cómo se defendería Francia en caso de guerra contra Alemania. En 1938 redactó un informe sobre la necesidad de establecer una industria aeronáutica en el extranjero, lejos del alcance de los enemigos. El primer ministro, Eduard Daladier, compartía esta preocupación y por esta razón Monnet, que se encontraba en París durante el tratado de Munich, movió Roma con Santiago para ser invitado a una cena en la que estaría presente el primer ministro, y una vez allí desplegaría todo su talento para convencer a Daladier de la utilidad de sus servicios al estado francés en estos momentos. Poco después fue encargado de una misión secreta: ir a visitar al presi- JULIO CRESPO MACLENNAN Historiador Cuando la derrota francesa era inevitable surgió entonces la insólita idea de una unión entre Francia e Inglaterra, y Monnet fue uno de sus principales propulsores Monnet tenía claro que unos Estados Unidos de Europa no eran posibles pero sí lo era una liga de naciones europeas con vínculos económicos y cesión de soberanía dente Roosevelt para comprar aviones. Dos factores iban a pesar a su favor, no era conocido en Francia y sus habilidades para este tipo de operaciones eran notorias. Así comenzó para Monnet su segunda carrera pública. Tras la formación de un Consejo Superior Aliado de Guerra en 1939, el primer ministro Daladier propuso que un francés que es amigo de Roosevelt puede encargarse de las compras de los Aliados en el extranjero. Así fue nombrado director del Comité Anglo- Francés de Coordinación. Cuando la derrota francesa era inevitable surgió entonces la insólita idea de una unión entre Francia e Inglaterra, y Monnet fue uno de sus principales propulsores. El Comité de Coordinación francobritánica redactó un documento en el que hacía un llamamiento a la unidad entre los dos países con un gabinete conjunto para la guerra, sesiones mixtas de los parlamentos y la promesa de una reconstrucción común de las zonas en ruinas. Churchill no estaba muy convencido. Yo estoy luchando en una guerra, ustedes vienen a hablar del futuro comentó... A pesar de que el plan no prosperó tuvo mucha importancia en la carrera de Monnet, su misión de convencer a naciones europeas sobre la necesidad de unirse acababa de empezar. En 1945, tras el fin de la guerra Monnet se asentó en París con su familia. Pasó un tiempo de inestabilidad pensando qué hacer. Debido a su preocupación sobre el papel de Francia en Europa, barajó la idea de presentarse como candidato parlamentario por su provincia natal, pero finalmente desechó la idea: Me hubiera gustado ser un buen orador, pero no lo era. De joven quise ser boxeador... Mi tentación de entrar en política en esta etapa me recordó a mis aspiraciones de joven... Al mismo tiempo comencé a ver claramente lo que podía hacer, había mucha competición en los focos de poder, pero no en el que yo quería trabajar, preparando el futuro Estas reflexiones parecen estar inspiradas por la máxima de De Gaulle de aspirar a estar en la cumbre ya que siempre está menos concurrida. Si Monnet hubiera entra-