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4 1 09 ACTUALIDAD Carlos Marx vuelve a estar de moda Vuelven los peregrinos a la tumba del profeta del fin del capitalismo. Lo curioso es que muchos marxistas hacen negocio con este culto POR EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL EN LONDRES esde hace unos meses, a la tumba de Karl Marx en Londres no le faltan flores frescas. Olvidado desde que tuvo lugar lo que un tanto apresuradamente se llamó el fin de la historia tras el colapso del comunismo, su memoria vuelve a resurgir cuando se produce lo que otros, también con obvia precipitación, califican como el fin del capitalismo a raíz del colapso financiero. No son multitudes, pero así como en estos días se están vendiendo más ejemplares de El Capital Revival necesita, y que vende a 7 libras. El negocio es el negocio. Por eso es osado proclamar el fin del capitalismo, cuando hay que pagar dos libras para acceder al camposanto. Y si uno se lamenta de que la fundación Amigos del Cementerio de Highgate gana dinero con la peregrinación de quienes se acercan a visitar la tumba de Marx, el presidente de la entidad, Jean Pateman, replica con energía: Eso es absolutamente basura. Marx llevó una vida capitalista. Incluso empeñó la plata de su mujer Marx, nacido en 1818 en la ciudad alemana de Tréveris, se instaló en 1849 en la capital inglesa, donde vivió durante 34 años y escribió sus grandes obras. La peregrinación por el Londres de Marx puede comenzarse en el Soho. Su primer domicilio estable estuvo en el número 28 de Dean Street, en dos habitaciones situadas en el piso superior. En una de ellas dormía el matrimonio, sus cuatro hijos y una criada; la otra era la estancia para pasar el día, en medio de una gran pobreza que sólo enjugaban las dádivas de Friedrich Engels, con negocios textiles en Manchester. En la fachada hay una placa que señala dónde estuvo la vivienda, pero no hay acceso público. Curiosamente, cuando vuelve el culto a El Capital el lugar en que éste fue escrito ha quedado de momento vedado a las visitas. La antigua sala de lectura de la Biblioteca Británica, el edificio circular en el centro del Museo Británico, está siendo usado para exposiciones temporales. Cuando Lenin quiso saber en qué mesa se había sentado Marx, el bibliotecario le contestó que éste nunca había ocupado un sitio fijo. De todos modos, dado que solía consultar libros próximos a las filas entre la K y la P, debía de haberse sentado por allí. Así, pues, lo único de Marx que queda al alcance de los nostálgicos en Londres es su tumba. Llegar hasta ella es un paseo desde la estación de metro de Archway (Northern Line) El padre del marxismo es el más célebre inquilino del cementerio; el último inhumado de renombre fue Alexander Litvinenko, el ex espía ruso envenenado en 2006 con polonio. El monolito dedicado a Marx, muerto en 1883, está al pie de uno de los senderos principales. Bajo un gran busto, en el mármol están esculpidos sus dos lemas más conocidos: Proletarios del mundo, uníos y Los filósofos sólo han interpretado el mundo de diversas maneras; la cuestión es cambiarlo Entre ambos aparecen los nombres de Marx y su esposa, Jenny von Westphalen, también enterrada allí: una baronesa prusiana que heredó algo de dinero con el que los Marx pudieron vivir desahogadamente, pues el sistema aprieta, pero no ahoga. Pasos de la peregrinación D al menos eso dicen los libreros alemanes, también hay más personas que se acercan al cementerio de Highgate, en el norte de Londres, para rendir tributo a quien consideran profeta de lo que está ocurriendo. Desmoronamiento de las finanzas, entrada del Estado en los bancos, capitalistas que pierden su trabajo y trabajadores que pierden sus propiedades. Ya lo dijo Marx, asegura el Partido Comunista Británico, que está vendiendo más banderas rojas que nunca: este año ha encargado tres mil, frente a las mil que normalmente Monumento a Marx sobre su tumba en un cementerio de Londres ABC