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4 1 09 ACTUALIDAD Una goleta cruza las frías aguas del Estrecho de Gerlache, en la Península Antártica, ante la indiferencia de una colonia de pingüinos papúa Antártida TEXTO: MIGUEL ÁNGEL BARROSO FOTOS: GONZALO CRUZ JR l Fram atraviesa una crujiente lámina salpicada de galletas de hielo, flanqueado por imponentes acantilados y lenguas de glaciares que se reflejan en el espejo grisáceo del mar. La tripulación llama al Canal de Lemaire el Noticias de tierra incógnita Nada hay comparable al lejano sur. Allí labraron sus hazañas los exploradores de la edad heroica y sitúan la última frontera los viajeros de nuestro tiempo. Hito geográfico, pero también un estado de ánimo si este lugar salvaje e inhóspito existe, si la pétrea espina dorsal que surge del océano es real y no un decorado digital, y les asalta la convicción de que un paso más allá del refugio flotante serían carne de cañón. Aunque otros experimentaron la desolación y vivieron para contarlo. Con 11 kilómetros de longitud y 1.500 metros de anchura, este canal pegado a la Península Antártica fue descubierto por una expedición alemana durante el verano austral de 1873- 74, pero no fue navegado en su totalidad hasta el viaje de Adrien de Gerlache a bordo del Bélgica en 1898- 99. Gerlache lo bautizó en honor del explorador del Congo Charles Lemaire. Por E Kodak Crack por la cantidad de disparos de las cámaras que rompen el silencio durante la travesía. Es el único ruido que se escucha, con permiso del viento, pues los pasajeros apenas balbucean alguna palabra de admiración. A menudo se preguntan si de verdad están aquí,