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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Patricia, Julián y Fidela, vendedores callejeros de adornos navideños made in China en las calles de la capital mexicana ce dos años que no tenemos que pagar el impuesto de la tierra ni la educación del niño pequeño, la escuela nos obliga a comprarle unos libros carísimos cada dos por tres critica el humilde campesino, ataviado con una gorra azul de la época comunista y una chaqueta tipo Mao y arrastrando un fardo de colores con sus escasas pertenencias. Además, el problema es si nos ponemos malos y tenemos que ir al hospital, ya que un simple jarabe para curar el resfriado cuesta unos 60 yuanes 7 euros y un chequeo con rayos X más de 1.000 yuanes 114 euros detalla los principales problemas a los que se enfrentan los chinos debido a la falta de un sistema de seguridad social gratuito. Pero, al menos, ahora somos más libres y vivimos mejor que antes de la reforma, cuando apenas teníamos para comer porque todas las familias trabájabamos en la cooperativa estatal y sólo nos daban cinco kilos de arroz al mes concluye con la esperanza de que la China que herede su nieto sea mejor que la que le ha tocado vivir a él. MANUEL M. CASCANTE La miseria mexicana tiene letra minúscula MANUEL M. CASCANTE CIUDAD DE MÉXICO. Fidela, Patricia y Julián venden chicles, chucherías y pequeños adornos navideños made in China a las puertas de un supermercado en uno de los barrios finos de Ciudad de México. En sus limitaciones, son privilegiados: visten decentemente, van limpios y hablan español con corrección. Otros ambulantes llegados de provincias conservan su indumentaria tradicional casi convertida en harapos, sus pequeños se ven mugrientos y apenas farfullan nuestra lengua. Los tres aseguran que acuden a la escuela, pero a estas horas deberían estar en clase, y no en la calle. Fidela, la mayor, aún se afana para En el Distrito Federal, donde el número de pobres supera los cinco millones, más de un millón de niños de entre 5 y 13 años de edad trabajan para ayudar a la economía familiar que sus hermanos aprendan algunas letras y a hacer las cuentas. Al menos, que sepan contar hasta 50, que es el número de pesos que suelen recoger a diario: algo menos de tres euros. Si se le pregunta por qué trabaja, la respuesta es simple: Ayudar a mi familia a comprar comida, la ropa, zapatos... Los tres están expuestos a todo tipo de riesgos en una ciudad peligrosa como ésta. Al caer el sol, regresan a su pequeña casucha de techo de hojalata en el paraje La Mora, en la delegación Milpa Alta, la más pobre del Distrito Federal. Allí, su padre cuida un terreno de maíz que no le pertenece. Su jornal no llega al salario mínimo, unos 50 pesos. Emigró con su mujer y la hija mayor desde su Oaxaca natal, una de las regiones más deprimidas de México. La madre también se dedica a la venta ambulante con otro chiquillo en brazos. Cambiaron la pobreza rural por la pobreza urbana. Sus experanzas de entonces son las mismas que ahora: muy escasas. Casi la mitad de los más de cien millones de mexicanos viven en la pobreza. De ellos, más de la mitad son niños. En una megaurbe como el Distrito Federal (donde el número de pobres supera los cinco millones, pese a ser una de las entidades menos castigadas por la miseria) más de un millón de niños de entre 5 y 13 años de edad trabajan para ayudar a la economía familiar. Otros 15.000 viven y se buscan la vida en las calles como pepenadores (recogedores de basura) limpiando parabrisas, haciendo de payasos y malabaristas en los semáforos o, finalmente, ejerciendo la prostitución. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) estima que en la capital mexicana existen más de cien mil familias (cerca de medio millón de personas) en situación de pobreza alimentaria Las familias pobres del Distrito Federal comen, en el mejor de los casos, dos veces al día. Su dieta: mucha tortilla de maíz y poco con qué acompañarla: frijoles, chile y refresco. Pocas veces prueban el pescado, las carnes rojas y las verduras. El arroz, el pollo, la leche y el pan casi han desaparecido de sus despensas debido a su alto precio.