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4 1 09 EN PORTADA Vivir con 1 dólar La verdadera crisis (Viene de la página anterior) Wang Cainian, el campesino errante PABLO M. DÍEZ PEKÍN. China es, sin lugar a dudas, el país que más éxitos ha logrado en la lucha contra la pobreza gracias a su extraordinario, pero también desigual, crecimiento económico de las tres últimas décadas. Según el Banco Mundial, de los 835 millones de pobres que había en 1981 (más de la mitad de la población) se ha pasado a los 318 millones de personas que viven con menos de dos dólares al día. Para el Gobierno chino, que tiene un umbral de la pobreza más alto fijado en 152 dólares al año, sólo quedan ya 14,8 millones de personas en la más absoluta indigencia, mientras que otros 29,3 millones tienen dificultades ocasionales para llenarse el estómago con un cuenco de arroz. Con cada vez mayores desigualdades entre ricos y pobres y entre las ciudades y el campo, donde viven 800 de sus 1.300 millones de ha- bitantes, las zonas más paupérrimas de China se localizan en las provincias del oeste, como Sichuan, Qinghai o Gansu. En una remota montaña de esta última región vive, precisamente, Wang Cainian, un campesino de 58 años que apenas puede alimentar a su familia, formada por su esposa, su hijo, su nuera y su nieto, con sus 7 mu (0,46 hectáreas) de tierra. Sólo podemos plantar arroz y maíz porque el terreno no es muy bueno se queja a este periódico Wang, quien, a pesar de su avanzada edad y sus menguantes fuerzas, se ha visto obligado a hacer el petate para emigrar en busca de un trabajo mejor. Viviendo en una casucha de adobe de lo poco que les dan su huerto y sus gallinas, cada miembro de la familia necesita al año unos 1.000 yuanes (114 euros) para las cosas del día a día, pero los precios se han disparado y ya no pueden ni De los 835 millones de pobres que había en 1981 (más de la mitad de la población china) se ha pasado a los 318 millones de personas que viven con menos de dos dólares al día comprar el aceite más barato para cocinar o pagar la factura de la luz y el teléfono, que llegó al pueblo hace tres años Apesadumbrado, así lo cuenta Wang en el atestado vestíbulo de la destartalada estación de trenes de Jiayuguan, donde empieza el primer tramo de la Gran Muralla al oeste de China. En esta fría mañana de invierno, el reloj de la sala de espera marca las siete y Wang Cainian, junto a otros diez paisanos, se calienta frotándose las manos con el aliento mientras aguarda para tomar un tren que los lleve hasta Liu Gou, donde se pasarán los próximos meses reparando las vías del ferrocarril. Es la primera vez que salgo de mi pueblo y nuestro capataz, que nos ha buscado el trabajo, nos ha dicho que viviremos todos en un barracón y que nos darán la comida y 45 yuanes (5 euros) al día explica el campesino, quien sonríe ilusionado y dejando al descubierto sus dientes amarillos y con caries. Con lo que gane en el tajo, Wang podrá aliviar la asfixiada economía de su familia, donde su hijo se ha quedado al cuidado del huerto durante su ausencia. Aunque ha- Wang Cainian, de 58 años, campesino en la montañosa región de Gansu, apenas puede alimentar a su familia PABLO M. DÍEZ