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26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE Momento de El lago de los cisnes, coreografiado por Alicia Alonso para el 60 aniversario del Ballet Nacional de Cuba cos y maravillosos diseños de luz hicieron revivir a La bella durmiente en La Habana. Ese grandioso espacio mágico era el auténticamente adecuado para acoger esa poderosa lucha contra el suelo de Alicia Alonso como bailarina y coreógrafa, no sólo en La bella durmiente, sino en El lago de los cisnes, representado en la Plaza de la Catedral, y Giselle, repuesta en la Sala García Lorca, las otras dos joyas de este Festival. Con Giselle, en 1942, Alicia Alonso se dio a conocer internacionalmente y sentó las bases de la escuela de ballet cubana. El gran dramaturgo Francisco Nieva describía así cómo le había conmovido la forma de bailar Giselle: ¡Ya está! me dije. Lo que me ha sorprendido de la sorprendente Alicia Alonso es que imprime un sutil ralentizado ilusorio a todos sus movimientos, cosa que permite leer con mayor facilidad que en otros artistas el diseño coreográfico. Es una forma de supremo fraseo, que todo lo enfatiza. Y lo enfatiza así, dándonos la ilusión de que un cuerpo pesa menos que un cuerpo real y que el aire es mucho más espeso y colabora imprevistamente con tales movimientos. Cuando vemos a los discípulos de Alicia Alonso bailar sus coreografías reencontramos esa técnica depurada cuyo dominio absoluto les permite jugar creativamente con ella, borrando las huellas del esfuerzo del bailarín en extensiones elevadas que le dan una perenne sensación de ingravidez y crecimiento. La celebración fue este año sumamente polifacética, con muestras de pintura como Esta noche baila aquí Alicia Alonso, en el Museo Nacional de Bellas Artes o la de óleos de Gólgota en La Acacia, galas sobre danza cubana y literatura, exposiciones fotográficas como Alicia, una mujer, un sueño, en el convento San Francisco de Asís, o las abundantes proyecciones fílmicas en el Cinematógrafo Lumiére. Sin duda un salto creativo, una levitación artística, la ingravidez de la imaginación y la belleza soñadas por la Vera de Carpentier en La consagración de la primavera, frente al suelo duro, difícil, abrasado de la Isla donde la vida cotidiana a ras de tierra puede llegar a ser un infierno. Este retorno a los orígenes ha tenido poco de nostálgico y mucho de enérgico impulso esperanzado hacia el futuro. Así lo ha entendido la presencia española, mayoritaria con cuatro compañías, y que a través de Cristina Hoyos en representación de la SGAE entregó el premio del VI Concurso Iberoamericano de Coreografía a la cubana Tania Vergara, un premio que a partir de ahora se entregará a las nuevas generaciones con el nombre de Concurso Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso