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28 12 08 50 AÑOS DE CASTRISMO ¿Se equivocó la paloma? TEXTO: ALBERTO PÉREZ GIMÉNEZ FOTO: GRANMA 8 de enero de 1959: Fidel Castro entra en La Habana. El dictador Batista había huido el 31 de diciembre y las columnas de barbudos ocuparon las principales ciudades. Pero Fidel demoró su llegada a la capital para cuidar al detalle su ascensión a la iconografía de la historia. Subido a un camión, en el cuartel Columbia, lanzó su primer discurso, sarcásticamente titulado Armas, ¿para qué? Y quiero decirle al pueblo- -declama- -y a las madres de Cuba, que resolveré todos los problemas sin derramar una gota de sangre... En ese momento, varias palomas blancas sobrevuelan el camión y una se posó en su hombro. Fidel, con la edad de Cristo, venía a redimir Cuba, el burdel yanqui. A la imaginería cristiana se sumó la afrocubana, en la que la paloma es Obatalá el hijo de Dios, Olofi Pocos sabían, en el éxtasis de aquel advenimiento, que los guerrilleros Celia Sánchez y Crescencio Pérez, responsables de todas las comunicaciones con palomas durante la guerra en Sierra Maestra, habían soltado a pocos metros las aves perfectamente entrenadas, y que Fidel llevaba impregnado en las hombreras y el gorro de comandante aroma de palomo para que se posaran allí. El medio siglo de dictadura castrista se levanta sobre eso: el engaño. Mientras Fidel hablaba de no derramar sangre, a pocos metros Ernesto Guevara llevaba 8 días al frente del Cuartel de la Cabaña fusilando sin derecho de habeas corpus porque la revolución no puede detenerse Hasta junio de ese año, cuando el Che dejó ese puesto, habían pasado por las armas sólo allí a 400 personas. Otro ejemplo: quien en la foto aparece tras Fidel, y al que constantemente preguntaba durante el discurso ¿Voy bien, Camilo? era Camilo Cienfuegos, comandante más querido que el propio Fidel. Nueve meses después moría al caerse su avioneta rumbo a Camagüey, donde había sido enviado para detener a otro comandante, Huber Matos, que acabó pagando 30 años de cárcel. Muertos, presos o exiliados terminaron Guevara, Ochoa, los hermanos De la Guardia, Franqui, Gutiérrez Menoyo... y así hasta dos millones y medio de cubanos. Hoy, 50 años después, sólo Raúl, siempre a la sombra del hermano, sigue firme en Cuba. La paloma no se equivocó, se la comieron los halcones.