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2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE Fidel redacta en Sierra Maestra un mensaje para enviar al llano. A su lado, una guajira sostiene una vela, única fuente de luz de la fotografía Hete aquí que de eso vivimos durante la larga marcha de la Revolución y de pronto un día él se nos pone viejito y achacoso y aún no tan choco como lento cuando, sin aviso, las tripas se le revientan. Lo que ocurre a continuación no es que todo se haya acabado- -porque todavía no ha ocurrido, así que no se embullen, tranquilos ustedes- -sino que los decibeles del tic tac ganaron una retumbante intensidad. Para el ojo de los profanos, el problema que tiene por delante es saber si va a continuar en esta pose de los últimos tiempos de querer demostrarle a los americanos que es el mejor gobernador que han tenido en la isla desde la época de España o qué otro rumbo se arriesga a tomar. Hay poca gloria en su actual conducta. Pero parece muy cómodo en ese ejercicio de perro cancerbero de la tranquilidad de los yanquis en su frontera marítima. Ni oleadas de balseros, ni narcotráfico, ni refugio de fugitivos de la justicia americana, y mucho menos exportación de guerrillas o presencia militar rusa en la isla, y saturando los campos de minas alrededor de la base de Guantánamo para que a ningún musulmán pri- ENRIQUE MENESES Presos políticos del régimen revolucionario marcados con un P sionero se le ocurra intentar esa vía de escape. En vez de estar haciendo valer el peso específico de su gloria, y darle alguna utilidad a estos cincuenta años de guerra, lo que visiblemente tenemos es a Fidel apagando las candelitas que puedan quedar. ABC Sería terrible que no tuviera conciencia plena de lo que esta pasando a su alrededor y en el atolladero histórico en el que se ha metido y del poco tiempo que le queda disponible para salirse. En su caso, la merma del tiempo se ve acompañada de la merma de sus posibi- lidades físicas, es decir, no solo la premura sino que todo le va a resultar más trabajoso. Pero hubo otras ocasiones y otras posturas. En la madrugada del primero de enero de 1990, luego de una sombría festividad de año nuevo en la residencia ocupada por Gabriel García Márquez en La Habana (se había hecho una costumbre desde 1986 que festejara allí) ya en plan de retirada, en el dintel de la puerta, Fidel lanzó esta frase entre triste y resignada para el resto del convite de Gabo: Bueno, nada nos quita que el año que viene esté de nuevo en la Sierra Maestra, luchando. Estaba viendo el derrumbe del campo socialista y el desmerengamiento de la URSS (como le llamó desde temprano) y la posibilidad cada vez más asfixiante de que la Revolución Cubana quedara al garete. Pero aún había ánimo y fuerzas para disponerse a una nueva guerra de guerrillas, al menos como amenaza retórica. El significado quedaba claro, sin embargo: no se iba a rendir. Más adelante, cuando la disolución de la URSS se hizo efectiva y de un golpe el país, Cuba, (Pasa a la página siguiente)