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28 12 08 50 AÑOS DE CASTRISMO MIENTRAS AGONIZO El escritor Norberto Fuentes, que tan bien conoció la revolución desde dentro, evoca estos 50 años que, en su opinión, desembocan en un Fidel transmutado en un personaje conservador que agoniza a Revolución Cubana, cuyo transcurso hasta hoy dura cincuenta años, ha tenido como norma inapelable la lucha contra el tiempo. Como si los dioses, cronómetro en mano, la observaran ante cada movida. 26 de julio de 1953. El disparo apresurado de Gustavo Arcos Bergnes frente a la posta del cuartel Moncada destruye el factor sorpresa del plan de Fidel para tomar la fortaleza. 2 de diciembre de 1956. El pantano que se les interpone a los expedicionarios del Granma en el momento del desembarco le da tiempo a la aviación batistiana para detectarlos y casi exterminarlos. 17 de enero de 1957. Con el ataque al cuartelito de la Plata la suerte comienza a cambiar. La guerrilla logra rendir a la guarnición y que la noticia se riegue por todo el país. La escasa provisión de municiones impuso un plazo de apenas minutos para lograr el propósito. 17 de abril de 1961. Playa Girón (Bahía de Cochinos según los americanos) es la batalla decisiva, paradigmática, de la pugna con el tiempo. Fidel sabía que las horas estaban contadas antes de que la fuerza invasora se hiciera fuerte en una cabeza de playa y obtuviera la debida legitimidad para recla- L NORBERTO FUENTES mar el apoyo de las tropas americanas. Así que se dispuso a liquidarlos en menos de 72 horas. La explicación más plausible es que la Revolución Cubana, desde sus orígenes, desde el simple chispazo que conformó su idea, se concibió y desarrolló como una contienda contra enemigos muy superiores en número y recursos; el número entendido en batallones y los recursos traducidos en equipo militar. A tal efecto, o al menos para el primer golpe, el factor sorpresa es esencial. Y luego desenvolverte con toda celeridad, aprovechando los elementos que finalmente determinaron en los triunfos revolucionarios: el desconcierto y de inmediato la desmoralización del adversario. La situación no ha cambiado gran cosa desde entonces. Casi medio siglo después de esos combates emblemáticos, lo que tenemos es una situación que muestra pocos márgenes de variación. Apenas se registra una oscilación desde que Fidel lanzara los dos rafagazos de ametralladora contra Bueno, tú tampoco puedes hacer una revolución pensando en que te vas a jubilar en unos cuantos años. Los hombres que matan no gozan de retiro los soldaditos que vivaqueaban en el remoto cuartel de La Plata. La situación actual, sin embargo, parece ofrecer las mayores zonas de peligro que haya conocido la Revolución. Se explica por una aparente laxitud impuesta por la situación médica de Fidel, a describir a mitad de camino entre convalecencia y agonía sin plazo fijo para morirse. Pero lo que se muestra en la superficie como una especie de marasmo tiene su propia dinámica y debajo de esa superficie, densa, inanimada, hay fuerzas que se mueven. De cualquier manera- -y Fidel lo sabe- -se trata de la más importante de todas las batallas que ha conocido el proceso. Porque es su última batalla y la que debe quedar en la memoria. Una batalla que es una abstracción y que Fidel no estará para verla y, lo que más ha de pesarle, no estará para disfrutarla, para alardear de ella, para contarla una y otra vez en interminables discursos. Advierto que no se dice nada de esto peyorativamente. ¿O todos no disfrutábamos con él de esas arremetidas? Pongamos las cosas en su sitio: no hay experiencia más dulce que la de alardear luego de la victoria. Y ustedes, queridos lectores, vamos, no se hagan, que yo no estaba solo en la Plaza. Euforia popular y populista. A la izquierda, arenga de Castro en uno de los mítines populares de la época. A la derecha, un grupo de cubanos saluda a la revolución ABC