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21 12 08 HORIZONTES Gdansk TEXTO Y FOTOS: MANENA MUNAR dansk, capital de Pomerania donde creció el escritor Günter Grass, magistral y violento evocador de la ciudad en su obra El tambor de hojalata es una joya tan magnética y misteriosa como el ámbar que ofrece el mar que la baña. Precisamente, la calle Mariacka donde vivió Grass hace gala de la preciada piedra: los edificios estrechos, los sótanos, las esculturas, y bóvedas de esta calle singular albergan numerosas tiendas y galerías de ámbar, materia prima de artistas y artesanos de la ciudad, creadores de caprichosas formas en su resina amarillenta. La ciudad vieja de Gdansk respira vida por sus calles y arte en su arquitectura. Es un recreo para la vista, que se pasea de un edificio histórico a otro, de la fuente de Neptuno al Ayuntamiento y del Ayuntamiento a la iglesia gótica de ladrillo más grande de Europa, la de Santa María, que data del siglo XIV y cuenta con magníficos La puerta del tiempo La ciudad de Günter Grass, de El tambor de hojalata y del sindicato Solidaridad, es una urbe marítima, salida de Polonia al mar, con un romántico faro, en cuyo remate se ha reconstruido un curioso artilugio: la Esfera del Tiempo con la que los marinos cronometraban su periplo en el océano G altares góticos, una colección valiosísima de objetos de arte y un reloj astronómico en el que los apóstoles desfilan y la muerte les persigue pero no les llega a alcanzar... La más destacada entrada a la Vía Real es la puerta formada por la legendaria Stary Zuraw, Grúa de Gdansk de mediados del siglo XV la grúa portuaria más antigua de Europa, una estructura de madera que se abre a las coloridas casas burguesas del casco viejo, con influencias arquitectónicas polacas, alemanas, hebreas y holandesas. Será por esa multicultural influencia por lo que las calles Dluga y Dlugi con sus históricas casas alineadas recuerdan a las que bordean los canales de Amsterdam. Los teatros callejeros, conciertos, y la animación de los restaurantes Dos minutos antes de las doce, la Esfera del Tiempo se ponía en funcionamiento. A las doce en punto, descendía: era el momento en el que los marinos cronometraban su hora Gdansk es una ciudad joven, de gran animación y bullicio y cafés hablan de una juventud que se exhibe orgullosa en su música, en su vestimenta, en el gesto soberbio con el que vindica su ciudad. Por el puerto hanseático de Gdansk han pasado gentes de los más variados orígenes, lo que confiere a la ciudad ese característico toque de urbe liberal, abierta a todo tipo de influencias que atesora en cada una de sus piedras, en su gastronomía y en su arte. Al Gran Muelle de la ciudad llegan los cruceros del Báltico que, camino de San Petersburgo, hacen aquí una parada obligatoria para que el viajero se deleite en el bullicio y la belleza de una de las ciudades con más solera de Polonia. Y sobre el puerto, se alza el faro de Gdansk y su histórica Esfera del Tiempo. Una histórica reconstrucción de uno de los más interesantes instrumentos de auxilio a la navegación. Un artilugio que hoy parece una estructura incomprensible, pero que durante siglos sirvió para una tarea tan elemental y en el pasado tan compleja como medir el tiempo en el mar. ¿Cómo se mide el tiempo en el mar? Qué pregunta tan simple para la tecnología del siglo veintiuno. Pero antaño no lo era. Y muchos destinos y misiones en el mar se perdieron por falta de una cronometría marina. John Harrison, inventor nacido en el siglo XVII en el Condado de York, solucionó parte del problema con su invento del cronómetro. Hijo de un carpintero y muy aficionado desde niño a cualquier maquinaria que tuviera ruedas, especialmente relojes, ganó 20.000 libras por el premio concedido por Su Majestad a quien lograra determinar la longitud de un grado con un error de 30 millas. Pero el paso definitivo para mantener el rumbo cronométrico en el mar fue la Esfera del Tiempo. Este curioso mecanismo se situaba en un mástil en la cima del faro, que ascendía hasta la mitad del palo cinco minutos antes de las 12, llegaba a la cima a las 11,58 y caía de golpe a las 12 en punto, hora del Observatorio Astronómico de Berlín. De ésta forma los capitanes de