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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE vueltos, por no haberse vendido, 184 billetes y siete décimos de la Lotería en toda España, se vendieron en Bilbao 1.303 billetes, y 112 en el resto de la provincia. Uno de los décimos del premio mayor se encuentra en Vigo. Lo mandó traer de Bilbao Don Evaristo Padín, tenedor de libros de la casa de comercio Giráldez y Compañía, y lo repartió con sus hermanos Manuel y Domingo, comerciantes establecidos en Puerto Rico. También se ha conocido por fin esta tarde una curiosa historia sobre el Gordo al presentarse en la administración agraciada el vecino de San Miguel de Basami, José Miguel Gurtubay, acompañado de uno de sus hijos. Gurtubay manifestó que en el mes de septiembre marchó a México otro hijo suyo llamado Álvaro, pero un día antes de partir ocurriósele comprar dos décimos que dejó depositados en poder de su padre. Álvaro Gurtubay estuvo empleado, antes de marchar de España, en la fábrica La Basconia. Su padre, José Miguel, dedícase a vender leche por los pueblos. Esta mañana, como de costumbre, se presentó a vender leche en la fábrica y hablando con algunos empleados les dijo que aguardaba conocer el resultado de la Lotería, pues tenía dos décimos que le había dejado su hijo Álvaro. Se le contestó que la lista había salido ya, y habiéndole preguntado qué números llevaba, no supo decirlos, pero agregó que iba a su casa por ellos, como así fue, regresando al poco rato a la fábrica, donde se enteró de su fortuna. Aunque al principio se resistió a creerlo, no convenciéndose de que era un favorecido por la suerte hasta que regresó horas más tarde a Bilbao. Desde Bilbao a Vigo Un gran gentío se concentró en 1908 ante la antigua sede de ABC para seguir el sorteo de la Lotería Por ahora se desconoce el paradero de los otros décimos. Dícese que un décimo entero lo jugaban los empleados y artistas del teatro Arriaga. Aunque también continúan sonando nombres de personas a quienes se supone agraciadas con el Gordo, pero todo resulta pura fábula; bromitas de cuatro guasones que se dedican a burlarse de los noticieros, enseñándoles participaciones falsificadas, firmadas por un poseedor fantástico que siempre vive en el extremo opuesto de la población. Cuando el periodista, ansioso de información, se da la caminata, se encuentra con que allí no vive el supuesto agraciado ni nadie tiene de él la menor noticia. En el barrio de Zorroza otros guasones se echaron a la calle, provistos de reclamos, perros y faroles encendidos, a buscar cinco décimos que decían se les habían extraviado y que nunca aparecieron. Aparte de estos rasgos más o menos ingeniosos de buen humor, lo cierto es que Bilbao está algo desesperado porque, según todos los síntomas, el Gordo puede que haya cruzado el mar. Lo único que se sabe a estas horas es que los décimos se vendieron en el mes de septiembre. Este año, en que han sido de- Imágenes de hace un siglo en las que se ve, en la otra página, a los niños que cantaron las bolas del premio gordo de 1906 y a un lotero de la madrileña calle de Alcalá que fue portada de ABC tras repartir la suerte en 1909. Arriba, un grupo de vendedores del mercado de Abastos de Salamanca, premiados en 1917. A la derecha, el momento en que se cantó el premio gordo, de seis millones de pesetas, en 1912.