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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE DE MI BITÁCORA ¿Y si no llegan los dólares chinos? POR EDUARDO SAN MARTÍN os dólares excedentarios de los chinos han financiado gran parte de la fiesta que nos habíamos montado en Estados Unidos y en otras economías occidentales y de cuya resaca no nos vamos a recuperar, desde luego, no para la próxima primavera, como sugiere el temerario pronóstico de nuestro presidente de Gobierno. Y ahora se reza para que los dólares que les sigan sobrando a los chinos (y a los indios y a los jeques del Golfo) puedan pagar una parte considerable del restablecimiento de la economía internacional. Salvo que a los chinos empiecen a no salirle los billetes por las orejas, una probabilidad que apunta en un horizonte no muy lejano y que pone la carne de gallina, no sólo a los prebostes del Partido Comunista, cuya legitimación como fuente única de poder es un crecimiento económico y un aumento de la prosperidad sin freno, sino también la de muchos expertos económicos que cifran en la robustez de la economía china y en sus inmensas reservas monetarias algunas de las es- L peranzas más asequibles para superar la crisis internacional. Wenzhou es uno de los símbolos del peculiar modelo de capitalismo chino. Situada a 250 kilómetros al sur de Shanghai, la ciudad alberga nada menos que 300.000 pequeños negocios que la han convertido en una potencia global en manufacturas ligeras. Un modelo de producción extensivo en mano de obra y con márgenes comerciales muy ajustados que se alimenta de las exportaciones masivas. Pero ¡ay! por primera vez en décadas, las autoridades chinas anunciaban un descenso de las exportaciones en noviembre, como consecuencia de la retracción mundial de la demanda, y todo el tinglado de Wenzhou se tambalea: la producción de sus factorías se ha reducido en un 20 por ciento y sus ventas, en un 15 por ciento. Mientras tanto, en la vecina Shanghai se suceden las protestas laborales, un día en una compañía electrónica, otro en una de juguetes y al siguiente en el sector del taxi. Los analistas locales se dividen: unos advierten de los riesgos de una espiral de protestas socia- les a gran escala si los efectos de la crisis se hacen notar con más intensidad; otros subrayan que en China, en los últimos tiempos, han sido relativamente frecuentes los que ellos denominan pequeños motines (en 2005, cuando la economía crecía al 10 por ciento se registraron hasta 87.000 disturbios públicos) y restan importancia a esta oleada de pequeñas protestas. Desconocemos qué amenazas reales plantea al monopolio del partido único un descenso brusco en los estándares de crecimiento conocidos hasta ahora, pero si las autoridades chinas prefieren guardar los dólares en casa por si acaso, en esta otra parte del mundo vamos a tener resaca para rato. char por la presidencia. No lo ha cumplido. Como él mismo explica, en ocasiones me he caído del vagón Obama masca chicle de Nicorette, pero no puede evitar la tentación de pedirle un peta a uno de sus ayudantes de vez en cuando. Sin embargo, estos devaneos tienen fecha de caducidad: 20 de enero, fecha de la toma de posesión. En la Casa Blanca está prohibido fumar y no es cuestión de salir a la rosaleda a echarse los pitos. No es mayo en Atenas ero puede que sea peor. Las protestas estudiantiles en Grecia reavivan los sueños perdidos de Mayo del 68. Mismo escenario, mismos protagonistas: la Universidad y sus estudiantes, en una sociedad satisfecha. Pero hace cuarenta años la partida se jugaba en el poco arriesgado tapete de las ideas, a pesar de los adoquines lanzados a los gendarmes; o precisamente por eso. Los rebeldes de Nanterre y la Sorbona querían cambiar el mundo porque tenían los garbanzos asegurados. En Grecia, el paro entre los licenciados universitarios es del 20 por ciento y los que vuelven del extranjero con un flamante master posgrado encuentran trabajo por unos 600 euros al mes. El peligro de propagación a otros países viene por ahí, no por el deseo de hacer ninguna revolución www. abc. es blogs san- martin P El primer reto de Obama E l primer desafío al que se va a enfrentar el nuevo presidente de Estados Unidos no será ni el postergado plan de rescate de los fabricantes de automóviles, ni la retirada de Irak, ni el cierre de Guantánamo. El primer pulso será conttra sí mismo: no va a tener más remedio que dejar definitivamente el tabaco. Sí, Obama fuma, aunque nunca se le haya visto en público con un cigarrillo en los labios. Tampoco a Zapatero, que los consume con fruición en la intimidad. Obama le había prometido a su mujer que dejaría el vicio en febrero de 2007 como condición para lu-