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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE Yuebin TEXTO Y FOTO: PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL EN PEKÍN hora que se cumplen treinta años del inicio de las reformas económicas de corte capitalista que han transformado a China hasta convertirla en una potencia mundial, parece que detrás de cada uno de sus habitantes hay un empresario de raza ansioso por ganar dinero para subirse al carro del crecimiento y el progreso. Pero no siempre fue así, ya que hace tres décadas aún regía en el país una estricta política de planificación comunista en la que no existía la iniciativa privada y todos los servicios eran públicos al ser aportados por el Estado. Junto a Deng Xiaoping, quien abrió el país tras la muerte de Mao Zedong, y otros líderes reformistas del Partido Comunista, Liu Guixian fue una de las mujeres Origen del capitalismo chino En el inicio de las reformas económicas que han transformado a China, una humilde cocinera, Liu Guixian, abrió el primer restaurante privado del país en 1980. Una odisea en un Estado comunista en el que no había ni licencias comerciales, que comenzó con cuatro patos y cuatro sillas... acudía todos los días para preguntar a los funcionarios qué había de lo suyo. Su caso, tan curioso y original, despertó la curiosidad de un periódico y, finalmente, debido a los nuevos aires de cambio que se respiraban en China, las autoridades acabaron concediéndole la autorización. Me firmaron un papel gracias al cual pude pedir al banco un préstamo de 500 yuanes (que entonces equivalían a medio año de un buen sueldo) para abrir el restaurante recuerda Liu Guixian, quien empleó casi todo el dinero en habilitar un pequeño salón de su casa y colocar cuatro mesas con sus respectivas sillas. Invertí los treinta y seis yuanes que me quedaban en cuatro patos, de los cuales cociné tres el primer día y, con lo que gané, pude comprar otros tres para abrir a la jornada siguiente señala la anciana. Sin embargo, la recién estrenada empresaria no podía adquirir la comida del restaurante con los cupones de alimentos que se utilizaban en aquella época en los economatos estatales, por lo que debía viajar en tren durante cuatro horas a la vecina provincia de Hebei para comprar el arroz, las verduras y las gallinas a los campesinos locales. Iba cada cuatro o cinco días, me gastaba doscientos yuanes y volvía cargando con cincuenta kilos de mercancías para abrir el restaurante a la hora de la cena, pero cada día ganábamos unos cien yuanes y eso antes era un salario mensual en China indica Liu Guixian en el restaurante Yuebin, que veintiocho años después sigue abierto al público en el hutong Cui Hua de Pekín y tiene el honor de ser el primer restaurante privado de China. Junto a su local hermano, Yuexian, que abrió poco después a escasos metros gracias al éxito del primer establecimiento, esta emblemática cantina cuenta con cinco cocineros y veinte camareros y ofrece comida casera de Pekín para los lao bai xing (la gente del pueblo, en mandarín) Entre sus deliciosas especialidades, servidas en generosas proporciones a precios más que asequibles, destacan el cerdo con vinagre y ajo, las gambas con pepinillos, las bolas fritas de pescado o las tortillas rellenas. El secreto de nuestro éxito es el trabajo duro y la honestidad se enorgullece la dueña, quien elude cualquier cuestión política y reconoce que no sabíamos nada de la apertura y reforma de Deng Xiaoping ni si éramos comunistas o capitalistas, ya que sólo queríamos tener una vida mejor haciendo lo que mi marido y yo sabemos: cocinar El secreto del capitalismo, que mantiene en marcha al gigante comunista. A Viaje de cuatro horas para comprar que contribuyó a construir esta nueva China que se ha arrojado en brazos del capitalismo. Pero Liu Guixian no era una gerifalte del régimen ni una empresaria de Hong Kong dispuesta a invertir su fortuna en China para aprovechar su barata mano de obra, sino una pobre ama de casa que en un país de penurias intentaba sa- car adelante a sus cinco hijos. Mi marido, Guo Peiji, trabajaba como cocinero en el Hotel Pekín y yo también tenía buena mano para los pucheros, así que se nos ocurrió que podíamos aprovechar estas aptitudes para abrir un restaurante que nos ayudara a criar a nuestros hijos explica a ABC Liu Guixian, quien tiene ya 76 años. El problema era que por aquel entonces, principios del año 1980, todos los restaurantes eran estatales y no había ni un solo establecimiento privado. Fui a la Oficina Industrial del distrito de Dongcheng para pedir permiso, pero me dijeron que esperara porque en aquellos momentos ni siquiera existían las licencias comerciales desgrana la anciana, tan perseverante que No sabíamos nada de la apertura y reforma de Deng Xiaoping ni si éramos comunistas o capitalistas, ya que sólo queríamos tener una vida mejor explica Liu Guixian Hoy parece que detrás de cada chino hay un empresario de raza, pero hace tres décadas aún regía en el país una estricta política de planificación comunista sin iniciativa privada El secreto de la perseverancia El pionero restaurante Yuebin ha progresado desde entonces, pero aún sigue siendo un lugar para gente del pueblo