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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE La madre de Alba y su compañero sentimental comparecen ante la Audiencia de Barcelona que los juzga por torturas a la pequeña Esteve Sesrovires) ana María sufría una gran depresión. Recaló en la unidad psiquiátrica del módulo de mujeres de este penal y allí compartió celda con Remedios Sánchez, la Reme la mataviejas la mujer condenada por asesinar en Barcelona a tres ancianas e intentarlo con otras cinco, durante el verano de 2006. Se llevaba bien con ella, aunque alguna vez me decía que Remedios le infundía un cierto miedo explica su abogado defensor, que jura no saber de qué hablaban las dos. Ante tanta gelidez proyectada, y quizás por consejo de su letrado- -él no lo confirma- -al final del juicio Ana María hizo uso de su derecho al uso de la última palabra para reclamar que se le permita tener información sobre la evolución de su hija. Maternal, al fin. Ana María C. -dicen y nadie confirma- sufrió malos tratos en sus propias carnes, ¿Atenuante moral? En sus informes periciales los psiquiatras hablan de una mujer con un nivel de inteligencia bajo, aunque dentro de la normalidad, propensa a cambiar de pareja (tuvo cuatro distintas en un sólo año después de que nació Alba) a las que a menudo buscaba en chats telefónicos. Con cada uno de sus compañeros sentimentales, reflejan los exámenes psicológicos, establecía una relación de fuerte dependencia emocional. Debido en parte a estos continuos cambios de pareja, en los últimos años Alba y su madre habían estado residiendo en distintas poblaciones catalanas, como Viladecans- -donde ya recibía ayuda de los servicios sociales- Manresa y Montcada y Rexach (Barcelona) E incluso pasó una temporada en Madrid. En Montcada, desde finales de 2005, vivió como pareja en el piso del acusado, Francisco Javier P. dedicado a hacer trabajos -su familia no quiere concretar- -pero que se quedó en el paro cuando estaba con Alba y su madre. ELENA CARRERAS Dependencia emocional Maite, de ocho años, es la principal testigo en este juicio. Ella fue quien primero relató los malos tratos que recibía Alba. Maite incluso recreaba con su muñeca las torturas que veía Zarandeaba a su hija Maite y le daba algún que otro cachete, aunque era más agresivo conmigo que con ella dijo del acusado su ex exposa, que le denunció por malos tratos De él dicen los psiquiatras que le examinaron para las periciales que tiene una personalidad fría y con falta de empatía, aunque sin mediar trastorno, pese a que mantenía un vínculo afectivo normal con su hija biológica, Maite, de 8 años, que convivió con Alba. Con todo, Maite es la gran testigo de cargo en este juicio, pues ella fue quien relató, primero ante la policía y luego durante la instrucción, los malos tratos que recibía Alba por parte del acusado con el beneplácito de su madre. A veces la dejaban desnudita en el balcón explicó, entre otras salvajadas. Montserrat, la ex pareja de Francisco Javier y madre de Maite, lo dibujó en la vista con trazo siniestro. A veces zarandeaba a Maite y le daba algún que otro cachete, aunque era más agresivo conmigo que con la niña explicó la mujer, quien denunció por ma- Maite, esperanza y temor los tratos al acusado. Además de Alba, Maite es sin duda el personaje que más compasión despierta en este drama. De piedra se quedó el público en el juicio cuando su madre recordó que, al poco de detallar a la policía los malos tratos que su padre infligía a Alba, Maite empezó a recrear el horror con sus muñecas. Las ataba y las amordazaba con cinta adhesiva y les daba de comer con jeringuilla. A veces les daba cachetes contaba. Maite encarna a la vez la esperanza y el temor en esta pesadilla. Nos reconcilia con el género humano saber que al menos alguien, ella, intentó proteger a Alba Maite decía que a Alba no le gustaba eso (los malos tratos) y la ayudaba, la desataba y le quitaba el celo relataron los psicólogos que la examinaron. Cuando Alba tenía miedo, se ponía delante de ella Pero asusta pensar cómo acabará esta niña- -bajo custodia de su madre- y si la tortura que vio en Alba y repitió en sus muñecas dejará algún día de ser un juego que opera como mecanismo de defensa y mudará en agresividad consciente. Que no haya otro caso Alba