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21 12 08 ACTUALIDAD Caso Alba Una infancia apaleada POR JANOT GUIL l pasado viernes quedó visto para sentencia en la Audiencia de Barcelona el juicio por el brutal maltrato a Alba C. la niña de Montcada y Rexach (Barcelona) que a sus siete años de edad es ya célebre muy a su pesar. En el banquillo de los acusados, su madre, Ana María C. de 28 años, y su pareja cuando los hechos, Francisco Javier P. de 34. Como acusación particular, una Generalitat que debería ser parte juzgada, como otras administraciones- -Justicia, Policía, etc- -que por falta de coordinación dejaron a la víctima a merced de un destino cruel. Y es que en este drama, que mancha de asco y desolación a quien se acerque, casi todos los actores parecen culpables; por acción u omisión. Refulge así aun más, entre tanta sombra, Alba, la protagonista involuntaria, cuya triste vida, tutelada ahora por la Generalitat que otrora la desamparó, transcurre en un centro de discapacitados cuyo nombre no se quiere desvelar. Su infancia es un territorio devastado, una zona catastrófica. La asepsia del vocabulario científico- -tetraparesia, afasia... -casi disimula el horror que transcribe. Por culpa de los malos tratos, culminados en un hematoma subdural (intracraneal) agudo que la llevó al borde la muerte, al coma, y que probablemente fue causado por una bestial sacudida, Alba no podrá volver a caminar ni a hablar normalmente, a mantener una conversación. Y durante toda su vida necesitará de la ayuda de una tercera persona para realizar sus actividades cotidianas: asearse, vestirse y comer. Así lo certificaron los médicos forenses que la visitaron hace dos semanas y que relataron en el juicio lo que vieron. No se recuperará concluyeron los galenos, rematando con un lúgubre pronóstico un diagnóstico de por sí desalenta- Con tan solo 5 años, Alba C. acabó en la UCI tras sufrir un calvario de maltratos que nadie supo parar y que le han dejado graves secuelas. Nunca podrá caminar y será incapaz de hablar. Ni para reclamar justicia. E dor. Alba es capaz de asentir, negar y articular algunas sílabas y puede ponerse en pie con algún apoyo... por un instante sólo. Es a lo más que llega tras un superar un calvario de complicaciones postoperatorias. Porque sólo entiende preguntas sencillas y nunca podrá mantener una conversación normal; porque sufre una disfunción motora en las cuatro extremidades; porque sus piernas ya atrofiadas por la inactividad son irrecuperables. Alba niña reconoce a las cuidadoras que la atienden e incluso se muestra alegre cuando recibe visitas, como la de su padre biológico, Álvaro C. que vive en Fraga (Huesca) y piensa reclamar la custodia de su hija cuando acabe este proceso judicial. Ha logrado ejecutar algún movimiento, como llevarse la cuchara a la boca, mas es incapaz de repetirlo. Ha pasado de recibir palizas, tragarse sus propios vómitos, ser atada a una silla para comer a la fuerza y beber con una jeringuilla clavada a la cinta adhesiva que le tapaba la boca... a no poder ni alimentarse por sí misma. Era una niña triste recordaban muchos de los que vieron a Alba por la calle o en el colegio. Fiscalía y Generalitat acusan por igual a la madre y al que era su compañero sentimental de la tortura que sufrió Alba desde, al menos, noviembre de 2005, cuando la pareja se constituyó como tal; ya sea Una niña triste En este drama, que mancha de asco y desolación a quien se acerque, casi todos los actores parecen culpables, por acción o por omisión Los médicos forenses que la visitaron hace dos semanas concluyeron: No se recuperará Lúgubre pronóstico tras un diagnóstico de por sí desalentador por llevarla a cabo con sus propias manos o por consentirla y no evitarla, actitud esta última en la que parece encajar Ana María. Como mínimo, la madre- madre, entre comillas dijo el fiscal- -contribuyó a prolongar la agonía de Alba al acusar de los malos tratos al padre biológico de la niña, Álvaro C. una denuncia que quedó archivada, o al despistar con coartadas o excusas como la de se ha caído ¿Cómo comprender lo que hizo o dejó hacer? Su fría declaración ante el tribunal, su mirada perdida... Toma tranquilizantes alega su abogado de oficio, José Luis López, receloso de la imagen que proyecta su clienta por cuanto podría contribuir a agravar su condena. Ninguno de los acusados sufre un trastorno mental que les exima de responsabilidad penal nos apuntan los peritos ante la duda. Incluso su madre (que vive en Ontinyent (Valencia) de donde es originaria Ana María) habló con ella por teléfono y le pidió que se tomara la mitad de las pastillas que le dan, porque en la tele la ve como ausente explica el letrado, quien recuerda que cuando ingresó en la cárcel de Can Brians (Sant