Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
2- 3 D 7 LOS DOMINGOS DE de las dos únicas personas (la otra es su hermano Peter) que no le han vuelto la espalda en esta crisis. Con Ruth tuvo a sus dos hijos, Andrew y Mark, que tan pronto acabaron los estudios entraron a trabajar en el imperio familiar, con papá, el tío Peter, la prima Shanna. Todos tenían su sitio en el fastuoso Edificio Lipstick de Manhattan. Y es que, como si de unos Corleone dentro de la ley se tratara, los Madoff se las habían arreglado para crecer sin perder su encanto. Ese delicioso aire entre anticuado y auténtico que distingue a las grandes familias judías de EE. UU. sobre todo de Nueva York, aunque la comunidad judía de Los Angeles ha sido una de las que ha salido más escaldada del pelotazo de Madoff. El mismo Spielberg se ha resentido, concretamente a través de su fundación de caridad. Lo más amargo de tragar en estas crisis es la quiebra de una multitud de pequeñas confianzas. En Enron fueron los empleados de la empresa, que habían invertido todos sus ahorros en acciones de la misma, y que de la noche a la mañana se quedaron en la calle y sin jubilación. En el caso de Madoff es estremecedora la lista de pequeñas entidades filantrópicas, sociales y culturales, las íntegras herencias y fortunas familiares que de la noche a la mañana se han tornado humo. Además de los agujeros multimillonarios que se han abierto en el sistema bancario y financiero de todo el mundo. Sobre todo en la comunidad judía norteamericana, tan seria ella, tan hermanada, se ha abierto una profunda y fea herida. Que por algo, nada más ser detenido, Madoff renunció a todos sus puestos de honor y distinciones en el patronato de la Universidad Yeshiva. Lo que más duele a los estafados es que Madoff parecía el supremo epítome del arte de ser uno de los nuestros Fue un Houdini de la confianza. Su magia era una suma de buenos contactos que se retroalimentaban, como los fondos de la pirámide: los amigos viejos atraían amigos nuevos, igual que el capital fresco pagaba los intereses del viejo. Más la inteligencia de pagar intereses no demasiado exagerados. La exageración era la constancia infalible con la que siempre se ganaba: a través de toda clase de turbulencias del mercado y sin fallar un solo mes. Sin rechistar nunca si alguien le pedía recuperar su dinero. Era tan agradable vivir así, que nadie quiso prestar demasiada atención a lo frágiles que eran las auditorías a los que se sometía Madoff. Por no decir que no se sometía a ninguna. Al no operar un verdadero fondo de riesgo, sino administrar las cuentas de sus clientes no (Pasa a la página siguiente) Daño a la comunidad judía Bernard Madoff, tras comparecer ante el juez, regresa a su domicilio en Nueva York con gorra de béisbol y en solitario dió. Tanto, que se pasó. Pero no fue él solo, aunque sea el único que ha ido a la cárcel. Los psicoanalistas del mercado, si los hay, esclarecerán algún día qué quiso castigar con tanta dureza el juez del caso Enron: si la estafa o la humillación que para todo el sistema suponía que nadie se hubiera dado cuenta. Lo cual, por cierto, casi nunca es verdad. Enron burló toda la actividad reguladora de EE. UU. y la auditora de Arthur Andersen, que fue incapaz de rastrear las filigranas de una contabilidad brutalmente creativa: Enron no era una pirámide financiera como el imperio Madoff, pero sí basaba su ventaja sobre los competidores en computar como seguros los beneficios sólo probables. Algo que ya habían detectado con no poca aprensión unos estudiantes de Columbia que dedicaron a Enron su trabajo de fin de curso. ¡Vended todas las acciones! era la conclusión de este trabajo, que estuvo colgado en la red dos largos años antes de que estallara el escándalo. ¿Nadie lo vio? Pues no, o sí, pero no hicieron caso. Otro tanto le pasó a Harry Markopolos, el suspicaz inversor de Boston que se ha pasado diez años clamando en el desierto que las ganancias de Madoff eran demasiado bonitas para ser verdad. Que aquello no era un negocio sino una pirámide financiera. Un bluff monstruosísimo. Ciertamente Madoff no daba el tipo ni de estafador ni de chulo financiero. Nada en él molestaba ni hacía presagiar la caída. Empezó pasito a pasito, montando su empresa de correduría de Bolsa con 5.000 dólares que decía haber ganado trabajando como socorrista. Para competir al principio con los grandes de Wall Street tuvo que ingeniárselas abaratando costos, utilizando novedosas tecnologías para difundir la información que con el tiempo serían la semilla del índice NASDAQ. Que por algo le hicieron presidente del mismo. Si al principio hasta parecía un Robin Hood de la clase media en el parquet, alguien llamado a popularizar la Bolsa, a hacerla más asequible para toda clase de inversores. Sería como el Bill Gates de las finanzas, el propiciador del capitalismo PC, portátil y de bolsillo. Todo, realzado por una imagen de seriedad muy familiar que, además, no era mentira. A diferencia de otros triunfadores, nunca se le pasó por la cabeza divorciarse de Ruth, su esposa de toda la vida, y una AP Pasito a pasito Hablamos de alguien muy, muy importante. Con casas en el Upper East Side de Nueva York, en Florida, en Europa... que pagaba a 7.000 euros la noche en su hotel favorito Su magia era una suma de buenos contactos que se retroalimentaban. Los viejos amigos atraían a los nuevos al igual que el capital nuevo pagaba los intereses del viejo