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14 12 08 HORIZONTES China Las joyas de la Ruta de la Seda Dos mil años antes de la globalización, Oriente y Occidente ya se encontraban en este crisol de culturas que ha dejado importantes monumentos, como las cuevas de Mogao o la fortaleza de Jiayuguan TEXTO Y FOTOS: PABLO M. DÍEZ ENVIADO ESPECIAL A JIAYUGUAN DUNHUANG (CHINA) unque parezca tan postmoderna y del siglo XXI, la globalización empezó hace más de dos milenios en la Ruta de la Seda, la primera autopista que comunicó Oriente con Occidente. Desde Chang an, la actual A Xi an, hasta la antigua Constantinopla, la Estambul de nuestros días, recorría miles de kilómetros a través de China, Asia Central y Oriente Medio hasta llegar a Europa. Desde el siglo II antes de Cristo hasta el XVI, las caravanas de camellos siguieron este trayecto y sus ramales, que se adentraban en la India o Birmania y se extendían hasta Rusia, para transportar la seda china a Europa. Pero la Ruta de la Seda, que estuvo operativa más de 1.700 años, no era sólo el marco de transacciones comerciales, ya que se convirtió en un crisol de culturas que fomentó el intercambio de ideas, filosofías y religiones de una parte a otra del mundo. El lugar más emblemático donde confluyó este cruce de caminos es el corredor de Hexi, que discurre entre montañas y dunas por la provincia china de Gansu hasta salir a la región musulmana de Xinjiang. Para recorrer tan espectacular trayecto, que incluye ciudades como Zhangye y Tianshui, nada mejor que empezar en Jiayuguan, el punto del oeste de China donde finaliza la Gran Muralla tras serpentear por 6.700 kilómetros desde el paso de Shanhaiguan, frente a las costas del Pacífico en la bahía de Bohai. Dando buena fe de que ésta era la frontera occidental del país y su puerta de entrada, el paso de Jiayuguan fue apodado la boca de China, mientras que el corredor de Hexi que comunica con el interior era la garganta En este estratégico lugar, el emperador Hongwu de la dinastía Ming construyó en 1372 una imponente fortaleza entre las nevadas colinas de Qilian Shan y el monte negro de Hei Shan. Bautizado como el inexpugnable paso bajo el cielo este recinto amurallado cuenta con dos torres de 17 metros sobre las puertas de la Iluminación y la Concilia- Un lugar estratégico Las grutas de Mogao contienen más de 2.000 esculturas pintadas ción desde las que se divisa la árida e interminable meseta que lo rodea. A unos seis kilómetros de la fortaleza, la Gran Muralla Colgante de Jiayuguan, que data de 1539, asciende hasta la cima de Hei Shan proporcionando al atardecer otra sobrecogedora panorámica del desierto. Por sólo 23 yuanes (2,6 euros) y junto a decenas de campesinos que emigran con sus fardos para trabajar en las ciudades, a la mañana siguiente se puede comprar un billete para el destartalado tren 7527 que, al cabo de cinco horas y media, llega a Dunhuang. Aquí se ubican las famosas cuevas de Mogao, que, junto a las de Dazu, Yungang y Longmen, constituyen uno de los tesoros más preciados de China y también han sido declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Desde que, en el año 366, el monje Shamen Lezun horadara una cueva y construyera un santuario tras tener una visión de mil Budas sobre el monte Mogao, este enclave se convirtió en uno de los paraísos espirituales, filosóficos y culturales de la Ruta de la Seda.