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14 12 08 ASÍ LO CONTÓ ABC 21 DE DICIEMBRE DE 1983. Están a punto de cumplirse 25 años de la noche mágica en la que España goleó a Malta y se clasificó para la Eurocopa de París. Aunque el rival era débil, ganar por once goles de diferencia parecía una misión imposible. Señor, en el minuto 84, culminó con un gran tanto aquella histórica goleada El milagro de Malta or una vez, el marcador propicio era más importante que la puesta en práctica de un esquema, la labor individual de tal o cual jugador y la superación técnica del rival. En tiempos de sequía goleadora, seis goles, ocho o diez no bastaban. El juego estaba enfocado al logro de once, y la única duda residía en saber si habría tiempo suficiente para llegar a la cota necesaria para estar presente España en la Eurocopa de Naciones. Ante un rival inferior, los goles tenían que llegar tarde o temprano. No se podía perder ni un minuto en abrazos por el logro del gol cuando todo un país prestaba atención a distancia con el cronómetro en la mano. Los trece goles conseguidos en cierta ocasión por España y la flojedad maltesa invitaban a soñar, por una vez, en el logro de lo utópico. Sin embargo, la falta de costumbre para marcadores eleva- P dos contrastaban, en situación de realismo, con el argumento anterior. El partido sólo tenía una ambición: llegar a la frontera de los once. Lo demás era aleatorio en un lance sin igualdad. En el descanso, el equipo español había avanzado poco. Casi nada. De los once goles necesarios para estar en París, tan sólo se lograban tres, con la rémora añadida de ver cómo la portería de Buyo era batida por los inofensivos malteses, tras un rebote en Maceda. La verdad es que la suerte no tenía color rojigualda. En el minuto dos, cuando apenas se habían situado los hombres en el césped, Señor se encargaba de fallar un penalti. Era la primera nota de mal agüero. Poco después, Víctor hacía lo más difícil y, solo ante Bonello, mandaba el balón al poste. Y, tras el primer acierto rematador de Santillana, sin duda el Santillana abrió la cuenta delantero más fino en el disparo, llegó el tanto de ellos. Y un jarro de agua fría sobre las ya heladas espaldas del equipo de Muñoz. En los primeros minutos de la segunda mitad se vivió el momento más emocionante del encuentro, porque nada más empezar arrancó la racha afortunada de Rincón, hasta entonces muy oscurecido. Y Rincón se inspira