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14 12 08 ACTUALIDAD Los Kennedy junior De Camelot al matriarcado La saga continúa con una nueva generación que reclama su puesto en la escena pública. Parece que el pueblo norteamericano nunca se cansa de esta familia. La diferencia ahora es que ya no mandan los líderes masculinos a la irlandesa, irremediablemente golfos, sino ellas: las mujeres POR ANNA GRAU. NUEVA YORK ucha gente ha criticado que haya demasiados miembros de la familia Bush o de la familia Clinton dominando los destinos de su país. En cambio parece nunca hay demasiados Kennedy. Estados Unidos no se cansa nunca de su familia real La única hija superviviente de los míticos JFK y Jackie, Caroline, se apresta a tomar el relevo del protagonismo de una saga donde cada vez más se imponen las mujeres. ¿De Camelot al matriarcado? La evolución no deja de ser curiosa en una familia que nunca se distinguió por fomentar ni el femi- M nismo ni la igualdad de sexos. Cuando el padre de JFK, Joseph P. Kennedy, decidió lobotomizar a su hija Rosemary, disléxica y con un ligero retraso mental, no consultó esta decisión con su esposa y madre de Rosemary, Rose Fitzgerald. Ni siquiera le informó de lo que había decidido. Por fortuna los máximos exponentes del machismo de los Kennedy no han tenido lugar en un contexto tan dramático. Los hombres de la familia son mucho más conocidos por su predisposición a la galantería extraconyugal, a beber en exceso y a excederse también con alguna otra sustancia. Robert F. Kennedy Jr, hijo de Bobby Kennedy, el segundo Kennedy asesinado en la flor de la vida política, fue detenido y condenado- -brevemente- -en su juventud por posesión y consumo de heroína. Un hermano suyo, David Anthony, murió de sobredosis en 1984. El atentado de Dallas de 1963 fue un trauma familiar y nacional al que todavía muchos no logran resignarse. Ha costado mucho admitir que no habría, por lo menos a corto o medio plazo, otro providencial presidente Kennedy. Robert F. Kennedy fue asesinado en pleno intento, en 1968. Su hermano Edward, al que todo el mundo llama Ted Kennedy, pudo haberlo inten- ABC EPA Los otros jóvenes Kennedy, los hijos de Robert. Arriba, Robert F. Kennedy Jr, en el centro, junto a un grupo de ecologistas chilenos. A la izquierda, Kerry Cuomo Kennedy. A la derecha, en una foto de familia de 1966. Junto a sus padres, Robert Jr. es el tercero por la derecha; Kerry, aparece en penúltimo lugar tado a su vez, de no cruzarse en su camino el feo escándalo de Chappaquiddick, donde encontró la muerte la joven Mary Jo Kopechne. Aquello le recortó las alas políticas para siempre. El Senado se convirtió en su techo. Ciertamente allí es el rey. Ted Kennedy es hoy el líder moral del partido desde las gradas. Cuando se supo que padece un grave tumor cerebral muchos entendieron que se abría un claro en la sucesión dinástica de los Kennedy y en la misma línea sucesoria demócrata. No faltan maliciosos que sospechen que Obama ha acabado llevándose a Hillary Rodham Clinton a su vera, a la secretaría de Estado, para evitar que si se queda en el Senado acabe heredando la autoridad moral de Ted Kennedy. Entonces eso significa que mucho antes que rellenar el escaño de Ted hay que ocupar el de Hillary. Y aquí es donde ha saltado la sorpresa con la postulación de Caroline Kennedy. ¿Y por qué sorpresa? Pues porque hasta principios de este mismo año a nadie se le habría ocurrido que a la sweet Caroline de Neil Diamond (este compuso su célebre canción en su honor) le interesara meterse en política. Caroline Kennedy tenía tres años cuando se mudó a la Casa Blanca con sus padres. Tenía seis cuando mataron a su padre. Ella misma estuvo a punto de morir en un atentado del IRA en Londres en 1975. A diferencia de su mediático hermano, el también malogrado John John Kennedy, siempre de fiesta con celebridades, ella se dedicó a actividades principalmente editoriales y culturales y a su familia. Está casada con el artista Edwin Schlossberg, al que conoció trabajando en el Met. Tienen tres hijos y viven en Manhattan, en Park Avenue. Son el sueño de la clase alta ilustrada norteamericana. Ciertamente con los años Caroline Kennedy se