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14 12 08 EN PORTADA Josu Erkoreka Portavoz parlamentario del PNV Es bueno que los cabestros estén acotados. Preferimos un Bono acotado a las funciones de protocolo Josu Erkoreka, portavoz parlamentario del PNV, que comparó a Bono con un cabestro CHEMA BARROSO ¡Ornitorrinco! El insulto degrada el zoco político (Viene de la página anterior) tarias y nada sofisticadas, que estimulan las bajas pasiones en el escenario público y deja las manos libres a los dueños y manipuladores de la información A ese infantilismo se refiere el ex catedrático de Ética, filósofo y escritor Fernando Savater: A veces da la impresión de que bastantes de nuestros políticos funcionan como niños: es decir, lloran para que les den de mamar y patalean para que les hagan caso comenta el autor de obras como La tarea del héroe o La infancia recuperada Por lo visto, hay que elegir entre los políticos tan cautelosos que nunca dicen nada decisivo sobre nada (sólo repiten frases hechas y consideraciones irrefuta- bles tipo que bueno es el bien, sobre todo comparado con lo malo que es el mal y los que cuando se pronuncian lo hacen con exabruptos y groserías propias de hooligans de la peor especie. Aparte de otras consideraciones sobre nuestra clase dirigente, en la que se refugian más indocumentados y fracasados escolares que en cualquier otro rango del país, habría que recordar la función pedagógica, ejemplar, que tienen los políticos sobre la población. Aunque normalmente sólo son ejemplos pedagógicos negativos, lo que no contribuye a que los mejores ni los mas inteligentes de nuestros jóvenes se interesen por la política: la verdad, viendo lo que anda suelto por ahí, es lógico que teman contaminarse... La comentarista política Magis Iglesias recuerda que cualquiera que conozca la historia del parlamentarismo español se habrá dado cuenta de que el lenguaje político se ha depauperado hasta niveles que causan sonrojo La presidenta de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE) cree que con la vulgarización de sus intervenciones, los políticos actuales demuestran que, por lo general, carecen de discurso ideológico e intelectual de calado, que no tienen un pensamiento elaborado capaz de cautivar a su público y tampoco gran cosa que aportar ante los periodistas, de ahí la pobreza de sus mensajes cuando comparecen en ruedas de prensa donde se limitan a repetir incansablemente las mismas ideas. Los dirigentes de los partidos viven permanentemente obsesionados por mantener su presencia mediática y condicionan a este objetivo toda acción política Magis Iglesias no deja de mirarse y de mirar en los espejos cóncavos y convexos de la profesión: Los periodistas también debemos hacer autocrítica porque la información política, desde hace aproximadamente un par de décadas, está casi exclusivamente centrada en las declaraciones, dimes y diretes, algo que ocurre desde que se instauró la, a mi juicio, penosa costumbre de buscar reacciones En este panorama, las palabras gruesas, los eslogans y las frases chocantes tienen siempre más posibilidades de llegar a los boletines de radio, los telediarios y las portadas de los periódicos, aparte de que se convierte en una costumbre contagiosa. Los políticos han llegado así a una lamentable competición del disparate de la que tenemos un buen ramillete de ejemplos en los últimos días. Es una desgracia para todos porque si se pierden las formas muy pronto perderemos la cabeza El capitán Haddock podría darles en la mansión de la Castafiore un cursillo de epítetos para que la viñeta fuera al menos un poco menos zafia y monótona, porque, como advierte Ramón Vargas- Machuca, la degradación del lenguaje termina evidenciando uno de los peligros que acechan a la política del mañana: la irrelevancia Autocrítica periodística La lengua de trapo JOAQUÍN LEGUINA Tengo para mí que al lenguaje de los políticos lo está degradando más el aplanamiento que el exabrupto. Este último tiene, al menos, la virtud de lo insólito, pues el lenguaje chocarrero- -tan exageradamente común en el habla conversacional española- -no se suele usar cuando se está ante un micrófono- -con o sin cámara de televisión- Además, la chocarrería o el insulto pueden volverse fácilmente en contra del autor. Tomemos, por ejemplo, la pregunta que hacía (o se hacía) Pedro Castro, alcalde de Getafe, y que tantos disgustos le ha procurado: ¿Entonces, por qué hay tantos tontos de los cojones que votan a la derecha? Si quitamos del interrogante las tres palabras del insulto nos quedamos ante una cuestión decisiva: ¿Por qué hay tantos que votan a la derecha? Una pregunta a la que se debería dar respuesta y no sólo Perico Castro, también- -y sobre todo- -los dirigentes de ese nuevo socialismo que pierde, una tras otra, las elecciones en Madrid con una dedicación y constancia dignas de causas mejores. Lo dicho: me preocupa más el aplanamiento es decir, la lengua de madera: la previsibilidad de un don José Blanco, el aire rotenméyico de doña María Teresa Fernández de la Vega o la planicie infinita del discurso económico de don Cristóbal Montoro... Y qué decir de esa legión de diputados y diputadas, de senadores y senadoras, quienes, bien camuflados en las listas cerradas, han llegado al Congreso o al Senado para subirse a la tribuna y desde allí soltar un rollo- -leído, ni siquiera memorizado- -que previamente alguien les ha escrito. Aunque, a mi juicio, lo peor del habla, tan poco azañista, de muchos políticos actuales, consiste en juntar su lengua de madera (en cuanto abren la boca el personal ya sabe lo que van a decir) con latiguillos como el que ha puesto de moda Rodríguez Zapatero. Me refiero a ese maldito e inútil lo que: Hoy quiero hablar de lo que es la renta nacional... o lo que es el paro, o lo que es la crisis. Pero no debo descartar que yo esté en un error y que la política consista hoy, única y exclusivamente, en tener un rostro agradable y en poner una sonrisa estúpida ante las cámaras de la televisión.