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14 12 08 EN PORTADA ¡Ornitorrinco! El insulto degrada el zoco político POR ALFONSO ARMADA anapanes... ¡Ectoplasmas... ¡Marineros de agua dulce... ¡Zulús... ¡Bachibazucs... ¡Doríforos... ¡Filibustero! ¡Vegetariano! ¡Pacta- con- todos! Si nuestros alcaldes, diputados, presidentes de diputación, líderes con galones de varia estirpe, arcabuceros de la soflama y la sota de bastos volvieran a leer a Tintín acaso encontrarían al menos un poco de inspiración en los zafarranchos del capitán Haddock para elevar el insulto por encima de la triste ciénaga dialéctica y conceptual en que naufraga el zoco político español. También podrían remontarse a José Ortega y Gasset y recuperar al menos la ironía que le llevó a zaherir al filósofo trágico y empingorotado que también fue Miguel de Unamuno calificándolo nada menos que de ornitorrinco por el verbo a veces redicho de quien al hablar se escucha, como en ocasiones le ocurre también al artífice de La rebelión de las masas No te pongas estupendo le corregía por su parte don Latino de Hispalis a Max Estrella en el paseo alucinado por un Madrid de capas raídas que con tanta fiereza retrató otro insul- G tador de talla, Ramón María del Valle- Inclán, por no remontarnos a Quevedo, gran maestre de la cetrería lingüística. La pregunta que acaso convendría hacerse es si la degradación del lenguaje es una consecuencia de la degradación de la política, o más bien ocurre a la inversa. En un texto de 1946 que ya es clásico, titulado La política y el lenguaje George Orwell dijo que la mayoría de las personas que de algún modo se preocupan por el tema admitiría que el lenguaje va por mal camino, pero por lo general suponen que no podemos hacer nada para remediarlo mediante la acción consciente. Nuestra civilización está en decadencia y nuestro lenguaje- -así se argumenta- -debe compartir inevitablemente el de- George Orwell: Nuestra civilización está en decadencia y nuestro lenguaje- -así se argumenta- -debe compartir inevitablemente el derrumbe general Vargas- Machuca: El modo que tiene la política para disimular sus limitaciones es la sobreactuación retórica. Recurre al mantra de los principios genéricos y de las obviedades rrumbe general. Se sigue que toda lucha contra el abuso del lenguaje es un arcaísmo sentimental, así como cuando se prefieren las velas a la luz eléctrica o los cabriolés a los aeroplanos. Esto lleva implícita la creencia semiconsciente de que el lenguaje es un desarrollo natural y no un instrumento al que damos forma para nuestros propios propósitos Y eso en la pérfida Albión, donde el Parlamento es un ágora infinitamente más viva y entretenida que nuestro Congreso de los Diputados. Dieta de Orwell y Tintín no sería mala cosa para el plantel de banderilleros, más bien acorazada de picar como calificaba Joaquín Vidal a quienes hacían del toro bravo pulpa manejable, cuyas filas no deja de engrosar la pereza mental, la bravata de la que los plumíferos nos apresuramos a hacernos eco para gastar tinta y que parezca que pasa algo cuando nada sucede. Perlas que son rebuznos y a los que se afilian todos los afiliados, con eco en sus filas, risas en el tendido y fatiga general, sea un alcalde (Pedro Castro, socialista, de Getafe) un presidente honorario (Manuel Fraga, popular) un portavoz de un partido (Josu Erkoreka, del PNV) un presidente de diputación provincial (Carlos Fabra, de Castellón) o un diputado en Cortes (Joan Tardà, nacionalista catalán) La ensayista Irene Lozano, lectora de Orwell y autora de libros como Lenguas en guerra un ensayo sobre la utilización del idioma en los confictos, no cree que la degradación del lenguaje degrade la política, sino que es un síntoma de que ésta ya se encuentra degradada. Que los políticos se ataquen y se zahieran no es malo, forma parte de la discusión democrática en sus diversas gradaciones. Lo preocupante es que en España tenga más prestigio la chulería que la pulla inteligente. El lenguaje es siempre muy ilustrativo de cómo son las personas: el estilo es el hombre, como decía Buffon. El ínfimo nivel de expresión de políticos como Fabra o Castro muestra una escasa preparación, y eso no es lo peor. Lo más terrible es que sus modos dejan a la luz también su prepotencia, más propia de cortijeros que de cargos públicos. Está claro que el discurso democrático ideal para Fabra, Tardà, Blanco o Castro no es la persuasión argumentada, sino la furia ofensiva. No apelan al intelecto de la gente, sino a las vísceras La calidad de la democracia, tanto a escala general como en los intersticios de los partidos políticos, obsesiona a Ramón VargasMachuca, profesor de Filosofía Política en la Universidad de Cádiz: El lenguaje ha sido siempre clave en la economía de la política Es un mecanismo de poder. Con razón Chulería e inteligencia Carlos Fabra Presidente de la Diputación de Castellón Me sacaré la pirula y mearé en la sede de Izquierda Unida Carlos Fabra, presidente de la Diputación de Castellón y miembro del PP MIKEL PONCE