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D 7 7 12 08 LA CARTA DEL CORRESPONSAL 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Pekín TEXTO Y FOTO: PABLO DÍEZ La abuela de los 242 gatos A sus 80 años, Ding Shiying vive en su humilde casa de un hutong de Pekín junto a 242 gatos y 8 perros, recogidos de la calle unque con bastantes más años, menos curvas y unas uñas no tan afiladas, la abuela Ding Shiying podría ser bautizada como la catwoman de Pekín. El motivo es que, en su humilde casa del hutong Long Tou Jing- -un típico callejón de viviendas bajas de ladrillo gris situado cerca del lago de Houhai- -vive junto a 242 gatos y 8 perros a los que ha ido adoptando con el paso del tiempo. Siempre me han gustado los animales, pero no tuve mi primer gato hasta 1973, cuando me traje a casa un minino que encontré en la calle y tenía problemas con sus patas explica a ABC la abuela Ding, A que tiene ya 80 años. Aunque, al principio, hubo de vencer la reticencia de sus padres, esta afable solterona consiguió poco a poco ir convirtiendo el domicilio familiar en una especie de zoológico. De hecho, nada más abrir la puerta de la casa golpea al visitante un intenso olor felino, por lo que uno se siente aturdido por unos instantes mientras Ding Shiying vocifera en chino y, ayudándose de su bastón, corre a duras penas detrás de uno de sus gatos, que ha aprovechado el resquicio de la entrada para escaparse. De todas maneras, no hay por qué preocuparse: ya volverá y, además, dentro hay muchos más. Flanqueado a ambos lados por La humilde vivienda de la abuela Ding Shiying se ha convertido en una especie de zoológico los pequeños cuartos que se adivinan tras unas antiguas ventanas de madera, un estrecho patio conduce al final de la vivienda a través de una senda que está, literalmente, inundada de gatos. Caminando de un lado para otro, tumbados en el suelo, acurrucados en el borde de las ventanas, ronroneando encima de los destartalados armarios, lamiéndose las patas dentro de las jaulas, trepando con sus uñas por las puertas y saltando por encima de la cabeza de la abuela Ding de un lado a otro del tejado. Tras dejar mi empleo como médico por una dolencia pulmonar, entre 1973 y 1983 estuve trabajando en la Universidad, de donde me traje siete gatos más recuerda la anciana, quien llegó a juntarse con una treintena de animales durante aquellos diez años. Su amor por los felinos le llevó a reformar la casa familiar, donde había vivido desde 1952, para habilitar más habitaciones para sus nuevos inquilinos, a los que alimentaba cada día tras ir a los mercados en busca de verduras y de las sobras del pescado. Pero la situación se descontroló totalmente cuando, a finales de los 90, apareció en televisión contando su historia. A partir de ese momento, todo aquel que quería deshacerse de un gato en Pekín ya sabía dónde acudir. El año pasado empezaron incluso a dejarme perros abandonados en la puerta de casa se queja la encantadora mujer, que critica la falta de responsabilidad de quienes piensan que un animal es como un juguete que se puede tirar a la basura cuando crece A pesar de esta insensibilidad, también recibe el apoyo de otros amantes de los gatos, ya que su exigua pensión de 2.000 yuanes (232 euros) apenas le llega para cocinar los 15 kilos de arroz que sus queridas mascotas necesitan al día. Aunque mis vecinos se quejan del mal olor, amo a mis gatos y algunos, como Tao Tao o Nian Hu, hasta duermen conmigo concluye la abuela Ding acariciando entre sus brazos a uno de sus nietos de cuatro patas. PRESIDENTE DE HONOR Guillermo Luca de Tena PRESIDENTA- EDITORA Catalina Luca de Tena CONSEJERO DELEGADO José Manuel Vargas DIRECTOR GENERAL José Luis Romero DIRECTOR Ángel Expósito Mora DIRECTOR ADJUNTO José Antonio Navas SUBDIRECTOR Alberto Aguirre de Cárcer REDACTOR JEFE Alberto Sotillo D 7