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7 12 08 ASÍ LO CONTÓ ABC 6 DE DICIEMBRE DE 1933. Después de El cantor de jazz (1927) el cine mudo, también llamado entonces silencioso, fue languideciendo hasta desaparecer. El cineasta y crítico Rafael Gil escribió este nostálgico artículo el año en que dejaron de proyectarse películas mudas en las salas madrileñas Adiós al cine silencioso n Madrid, durante la presente temporada, no funciona ningún cinema mudo. Tras las pantallas de todos los cinematógrafos se han colocado altavoces que, con más o menos naturalidad, se encargan de suministrar música y voz a las imágenes antes silenciosas. Durante la presente temporada, los tres o cuatro únicos cines mudos que existían perdidos en las más oscuras callejuelas han desdeñado su pasado, su tradición gloriosa de pionniers de un arte y anuncian ahora en sus carteles- programas por completo hablados en castellano Las expediciones africanas, filmadas en Hollywood y explicadas en chileno han sustituido a las antiguas películas cómicas; la sonrisa de un chansonnier al gesto inocente del cow- boy y la belleza madura de una veterana de nuestro teatro, a la ingenuidad de cual- E quier muchacha rubia del Oeste. Todo esto, a primera vista, parece carecer de importancia. Aparentemente significa un nuevo triunfo del progreso y de la evolución, que poco a poco va ensanchando el radio de sus conquistas. Pero, en realidad, su significación es bien distinta. El hecho de que durante la actual temporada no exista en Madrid ni un solo local dedicado a la exhibición de films silenciosos, quiere decir que hemos perdido un arte que tenía perfiles propios y medios de expresión característicos. Tal vez parezca esta afirmación algo impremeditada. Pero no lo es. Para convencerse, basta con recordar que el cine es un arte magnífico, explotado por unos comerciantes más magníficos aún. Teniendo esto en cuenta, es muy fácil comprender por qué está llamado a desaparecer en España un arte que, como el cine mudo, no encuentra mercados donde satisfacer las ansias comerciales de sus explotadores. Por esto, poco a poco, las copias de los films silenciosos van abandonando la Península para volver a su país de origen, creándonos un gran problema con su ausencia. A la par, precisamente, que les crean otro no menor a los productores, Rafael Gil, crítico cinematográfico de ABC y colaborador de Blanco y Negro, hace en este artículo una loa al cine mudo. Pero, paradojas del destino, el propio Gil acabaría realizando como director un buen número de películas de ese cine parlante que pone en solfa